La sociedad en la que estamos nos enseña cómo amar y quiénes son dignos de recibir ese amor. Desafortunadamente, no todos cabemos en ese molde y, muchas veces, terminamos creyendo que hay algo malo con nosotros y, por lo tanto, somos “difíciles de amar”.
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Cuando entramos a esto de la no monogamia ética, algo que escuchamos constantemente es que “debemos abandonar el amor romántico”. Después de ser gran fan de películas como Love Actually y cualquier película de princesas de Disney de las primeras dos eras, esta obligación a “deconstruirme” me llevó a abandonarlas, junto con una gran cantidad de canciones y detalles que disfruté mucho en algún momento. Pensaba, ¡hoy voy a cambiar y dejaré de ser tóxico!
Seguir leyendoFocos rojos – una pausa para decidir.
Si buscas focos rojos (o “red flags”) en Google, vas a encontrar una gran cantidad de artículos que te aseguran tener LA lista definitiva de aquello que debes evitar para tener una relación sana y no tóxica. Sin embargo, eso asume que todos queremos exactamente la misma relación, con el mismo tipo de persona que ame exactamente de la misma forma todo el tiempo. Y, pues sí, eso es lo que nos venden en todas las películas románticas.
Piensa más semáforo que un muro de piedra
Imagina que vas manejando felizmente por una calle y ves un semáforo en rojo. Tienes dos opciones, detenerte o seguir. No es que el semáforo se manifieste en un muro de piedra que te diga qué hacer, sino que te avisa que no es seguro seguir y allá tú si te lanzas. Decides detenerte y ves a tu alrededor, dándote cuenta de que ese camino no es el mejor para llegar a donde quieres, así que das una vuelta y tomas uno diferente.
Ya que cuando hablamos de relaciones afectivas, a muchos se nos confunden los cables, velo así: si comienzas a trabajar en un lugar nuevo y no te pagan cuando te lo prometieron, ¿sigues trabajando ahí? Si decides no irte, estás aceptando una relación donde no vas a obtener lo que quieres a cambio de tu esfuerzo. De igual modo, si vas por una calle en la noche y te das cuenta que está sola y sin iluminación, puedes detenerte a evaluar la situación y decidir cómo proceder.
Todos estos son foco rojos que te dicen, “detente, ¿es esto lo que quieres?”.
Dependiendo de quién seas y en qué momento de tu vida te encuentres, es probable que esos ejemplos sean un foco rojo importante o, tal vez, sólo uno amarillo que te dice “sigue pero con precaución”.
Si no sé a dónde quiero llegar, no habrá focos rojos
Personalmente, soy una persona que disfruta mucho del contacto y las demostraciones de amor físicas constantes. Y por “constantes” quiero decir “todo el tiempo”. Cuando estoy con cualquiera de mis parejas, siempre estamos de la mano o abrazados – SIEMPRE. En muchas ocasiones, conocí personas que me decían que eso era ser “codependiente” y “tóxico”, por lo que dudaba mucho de pedirlo explícitamente y, en relaciones anteriores, llegué a prescindir de ello. Esto es porque yo quería una relación “bonita y sana”, aunque no supiera qué era eso, es más, aunque ese modelo de relación no me fuera a satisfacer. ¿De qué me sirve una relación que no me hace feliz?
Antes de saber cuáles son los focos rojos que me llevarán a dejar una relación, necesito determinar cuál es mi destino. Si el tipo de relación que quiero es una donde estemos de la mano todo el tiempo (como la mía) y la persona con la que salgo me dice que no le gustan las demostraciones de afecto en público, eso sería un foco rojo. No porque la persona sea un villano malvado incapaz de amar, sino porque es muy poco probable que nuestras necesidades sean compatibles. Por otro lado, si yo quiero una relación donde pasemos las festividades juntos, un foco rojo sería que la persona con la que quiero salir me diga que sólo las pasa con su familia.
Todos estos focos me permiten tomar una decisión, ¿voy a seguir en este camino aunque me lleve a un lugar diferente al que tenía en mente?
No es culpa de los focos, ni de los villanos
Las páginas que mencioné al principio del artículo (y de las que hablo con un poco de sarcasmo) no son del todo malas. De hecho, sirven muy bien como ejemplos de cosas que podrían ser un foco rojo para ti, siempre y cuando no los tomes como una guía a seguir ciegamente.
Nunca sigas nada ciegamente. Es más, ni siquiera me creas completa y absolutamente a mí. Revísate, cuestiona y responsabilízate de lo que TÚ crees.
Dicho eso, cuando leo esas páginas y hago mi lista de cosas que no quiero en mi relación según alguna persona de internet, es muy fácil echarle la culpa y decir “pues yo sí quisiera andar contigo pero eres bien tóxico según mi lista, así que bye”. Si te fijas, no estás asumiendo que es tu decisión, sino que es algo fuera de ti lo que indica qué harás. El problema con eso es que, si no es algo que yo decido, no lo puedo cambiar y muchas veces, esto resulta en encontrarte con que “todos son iguales” y “siempre me pasa lo mismo”.
Focos rojos populares
Después de algunas publicaciones que seguían esta misma línea, alguien me preguntó en Instagram si la violencia no era un foco rojo SIEMPRE. Cuestionaban si entonces está “bien” que dos personas violentas estén juntas en su compatibilidad. Y pues… sí. Yo no soy nadie para decirle a las personas cómo deben vivir sus relaciones. Ni siquiera a aquellas que se relacionan conmigo. Si estoy con una persona violenta y eso es algo que a mí me hace daño, el que tiene que cambiar soy yo, no la otra persona.
Además de la violencia, aquí hay algunos otros focos que tienden a generalizarse y que podrían ser una buena guía para empezar. No voy a desarrollarlos porque ya hay un sinfín de páginas en Google que lo hacen muy bien.
- Justificas su mal comportamiento
- No platica de los problemas
- Ponen a prueba tus límites
- Dan por hecho la relación
- Sólo hablan de lo que les pasa a ellos, nunca de ti
- Todos sus exes están locos
- Te tratan con desdén
- No tienen opinión de nada
- No hablan de su familia
- Son muy cercanos a su familia
- Nunca han tenido una relación de pareja
- Son indecisos
Seguramente hay algunos que leíste con alarma diciendo ¡por supuesto que eso es un foco rojo! y algunos otros que te resultará extraño que tengan un lugar en la lista. ¡Eso es muy bueno! Es un excelente lugar para empezar y decidir qué es lo que quieres.
Sigue los focos verdes
Es cierto que los focos rojos son importantes para saber que no estás yendo hacia un destino que no es el que quieres. Eso no quiere decir que es lo único que debe tenerte alerta, también es esencial que tengas presentes los focos verdes que te dicen “por ahí sí es”. Sólo recuerda que no es tan sencillo como ver el opuesto de tu foco rojo.
Como tip, siéntate a hacer una lista de la relación que quieres, siendo lo más específico que puedas. Incluye el tipo de persona con quien quieres estar y el tipo de persona que tú quieres ser en esa relación. Ya que lo tengas hecho, empieza a desmenuzar los puntos determinando qué señales te dirían que vas por buen camino y cuáles te dicen que no vas a llegar ahí.
No hay emociones negativas, sólo desagradables.
¿Viste Inside Out (Intensamente)? La película de Disney, esa donde tus emociones tienen emociones y tienen una aventura en tu cabeza. Bueno, si no la has visto te voy a hacer un gran spoiler: la villana de la película es nada más y nada menos que la alegría. Este personaje amarillo que desborda energía y sonrisas, está empeñada en que la persona que habita no sienta nada más que felicidad. Se empeña tanto en esto, que termina poniendo en peligro la integridad de la niña.
Nuestra sociedad tiene el mismo problema. Nos enseñan que hay emociones “positivas” y “negativas”. Las “positivas” como la alegría y el afecto son ensalzadas en todos los medios – todos los productos que nos venden vienen acompañados de una buena dosis de cualquiera de estas dos. Por otro lado, las emociones “negativas” como el miedo, la tristeza, el enojo y la culpa son malas, despreciables, propias de gente débil e inadaptada que necesita terapia, medicamento o un Snickers.
Como consecuencia de esto, aprendemos a juzgarnos constantemente cuando alguna de estas emociones “negativas” aparece. Nos castigamos y nos forzamos a pretender que no pasa nada, mostrando sólo las emociones aceptables.
Son emociones desagradables, no negativas
El dolor, por más desagradable que sea, tiene una función. Por ejemplo, hace un año yo tuve unas molestias en una muela pero no le puse mucha atención. Es sólo un poquito de dolor, ahorita se me quita, pensé. ¡Qué sorpresa me llevé hace un par de meses cuando el dentista me dijo que ya tenía que quitarme el nervio de mi muelita!
En cuestiones emocionales es algo similar. Estamos tan acostumbrados a no hacerle caso a esas emociones “negativas”, que lo dejamos pasar, negando que nos sentimos tristes o enojados, hasta que llega el día que explotamos o el conflicto escala a mayores.
Si me duele la muela, es porque mi cuerpo me está avisando que hay algo que no anda del todo bien. Cuando inmediatamente me tomo un analgésico para dejar de sentir, estoy ignorando lo que mi cuerpo me dice.
Si me quedo un poco y le hago caso, podré atender el problema desde la raíz; entonces no es que sean negativas, sólo son desagradables.
Las funciones de las emociones desagradables
Myriam Muñoz, la directora del Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt, habla de cinco emociones básicas y con funciones de supervivencia. Ella lo maneja con un práctico acrónimo: MATEA (miedo, alegría, tristeza, enojo y afecto). Ahora, aquí hay un punto muy importante, muchos de nosotros estamos tan acostumbrados a ignorar estas emociones que, posiblemente, ni siquiera las identificamos cuando nos pasan. De pronto, a todo le decimos “ansiedad”. Un tip para esto es empezar a identificar qué sensaciones acompañan a estas emociones, así podrás identificarlas más fácilmente. Aquí te voy a explicar las funciones de las emociones desagradables y te daré un ejemplo de cómo YO las vivo (tal vez para ti sea algo diferente, pero puede servirte como primer punto de referencia).
Miedo
Hace un tiempo tomé mi primer viaje solo en carretera. Al llegar a la primer caseta, me di cuenta de que estaba tomada por hombres encapuchados con armas. Mi corazón se aceleró, sentí presión en el pecho y el estómago vacío. Mis manos me hormigueaban y me sentí muy alerta. A eso, yo le llamo miedo.
El miedo tiene la función de protegerme de las amenazas. Me retiro, me cubro y hago lo que puedo para alejarme del peligro.
Tristeza
Hace poco más de un año, un vínculo decidió terminar su relación conmigo. Fue la primera vez que me pasó, ya que siempre había sido yo el de la decisión con mis parejas anteriores. Sentí mi pecho muy pesado, muy poca energía, mi respiración se hizo más lenta y profunda, no podía pensar con claridad y sólo quería echarme al piso. A eso, yo le llamo tristeza.
La tristeza tiene la función de retirarme y reconectar conmigo mismo. Atenderme y reencontrarme con lo que yo necesito.
Enojo
El otro día, sacando a mis perritos, salió un Labrador (sin correa) de la nada y se le lanzó a uno de mis hermosos caninos. Me di cuenta que era una persona que tiende a sacar a su perro sin correa y recordé que mi pareja me comentó que ya había atacado a uno de nuestros perros anteriormente. Mi cuerpo se llenó de energía, empecé a temblar, mi mandíbula y mis puños se tensaron y sentí fuego en mi interior. A eso, yo le llamo enojo.
El enojo tiene la función de defenderme. A diferencia del miedo, el enojo me lleva a enfrentar y atacar.
Bonus: La vergüenza/culpa
Otra emoción desagradable que no está incluida en la MATEA de Myriam es la vergüenza. Su función es reparar el vínculo y asegurar mi lugar en la sociedad. Puedes leer más a detalle acerca de esta emoción aquí.
No puedo poner límites si no sé qué necesito
¿De qué me sirve saber esto? Cuando identifico lo que estoy sintiendo, puedo ver la necesidad que hay detrás y atenderla. Como explicaba en este artículo acerca de cómo los celos pueden ser tus amigos, si siento miedo de que mi pareja salga con alguien porque pueda olvidarse de mí, sé que necesito seguridad y puedo pedirla así. Si siento enojo por la misma situación, estoy intentando proteger algo entre nosotros.
Al identificar la necesidad detrás de la emoción desagradable, puedo enfocarme en satisfacer y pedir eso que requiero, en lugar de pelear y buscar dejar de “sentirme mal”.
Ejemplo
A sabe que B va a salir a cenar con su ex, con quien tuvo una relación importante y siguen siendo cercanos. A siente que su mandíbula se aprieta, su respiración se agita y empieza a pensar ¿y como para qué va con ella si me tiene a mí? Además, ¡ya sabe que me molesta! ¿Qué no le importo?. Con cada pensamiento, sus sensaciones se intensifican. A repite en su mente no te puedes poner así, eso está mal y es súper tóxico, tú sólo sonríe y deja que pase, pero no funciona. De hecho, eso sólo aviva su malestar.
A se da cuenta de que siente enojo (o hasta furia) y va a decirle a B que es un desgraciado por ser tan inconsciente y desinteresado… bueno, eso quiere hacer. Su cuerpo le dice que se mueva y haga exactamente eso, aunque algo más le dice que eso no le hará sentirse mejor. A recuerda este artículo y piensa que su enojo está tratando de proteger algo. ¿Qué es ese algo? En su caso, se da cuenta de que siente que su relación está siendo amenazada por esta situación y quiere protegerla con uñas y dientes. Va con B y le dice siento enojo por saber que irás a ver a tu ex. Este enojo es porque siento que amenaza mi relación contigo, que es algo muy importante para mí. Me doy cuenta de que necesito sentir que nuestra relación está protegida y segura. ¿Podrías ayudarme a sentir que es así antes de que vayas? No sé con certeza cómo hacer eso pero me gustaría poder explorar alguna alternativa.
A todo esto, algunos de ustedes dirán ay, nadie habla así. ¿No te gustaría a ti estar en una relación donde se hablara así? No es fácil y no es rápido.
Desaprender reaccionar visceralmente, reprimir emociones, castigarnos y juzgarnos, todo eso toma mucho trabajo. Sin embargo, no es imposible. Ya que empiezas a identificar estas emociones, puedes llegar a acuerdos que tengan en cuenta las necesidades de todas las personas involucradas y establecer límites firmes y amorosos que te protejan.
No seré mi propia víctima
Cuando escuchas la palabra “víctima”, ¿qué te viene a la mente? Un estudio muy interesante habla de cómo esta palabra contiene un significado colectivo de pasividad, debilidad y, sobre todo, de inocencia. En algunas ocasiones de conflicto, tendemos a culpar a la otra persona viéndole como villano y eso nos pone en un lugar de víctima impotente, pasiva pero, sobre todo, libre de toda responsabilidad.
Para efectos de este artículo, estaré hablando de situaciones donde no existe amenaza de violencia física, dolo, ni abuso psicológico como luz de gas. En todos esos casos se requiere atención particular y acompañamiento profesional. Si identificas esto en tu relación, puedes ponerte en contacto conmigo para iniciar un proceso terapéutico y atenderlo personalmente.
Como parte de una campaña para promover la ética relacional, esta semana colaboré con Vínculo Colectivo con experiencias personales donde detecto que me hubiera hecho mucho bien tener esa herramienta. Ellas me mandaron una serie de casos con los que yo haría lo mismo, pero me di cuenta que en cinco de ellos el problema era el mismo pero con palabras diferentes: las personas habían caído en un papel de víctima donde se deslindaban de la responsabilidad que les pertenecía en el conflicto.
Te engaño por tu culpa
El primer caso es de un hombre que dice:
Mi deseo sexual es más bajo que el de mi esposa y por esto ella me insulta constantemente, cuestiona mi preferencia, me dice que soy poco hombre y que va a tener que engañarme con alguien más para poder satisfacerse.
Para empezar, me identifico mucho ya que mi deseo sexual es más bajo que el de mis dos parejas. Leo que su esposa reacciona violentamente atacando al esposo, llegando al punto de decirle que tendrá que hacer algo al respecto aunque implique romper un acuerdo. Desmenuzando la situación, hay enojo claro por parte de ella. Considerando que el enojo tiene la función de proteger algo, generalmente atacando, ¿qué es lo que ella está tratando de proteger? Aunque es imposible para mí saberlo sin hablarlo con ella, puedo hacer algunas inferencias como ejercicio didáctico.
OJO: ESTO NO ES ALGO GENERALIZABLE Y SÓLO ES UN EJERCICIO. No vayas a ir con tu vínculo, citando al “psicólogo de internet” diciéndole ¿ves cómo sí eres súper tóxicx?
Ya aclarado eso, puedo libremente pensar que tal vez sienta que el vínculo con su esposo se está deteriorando debido a la falta de deseo sexual. Eso puede generar mucho miedo y es válido necesitar reafirmación de que el vínculo no se está perdiendo. Sin embargo, es posible que ella no tenga ninguna herramienta para comunicar esto. ¡Yo tampoco las tuve en algún momento! Ella podría practicar comunicación no violenta leyendo este artículo.
Por otro lado, no dejemos de lado al esposo, la víctima del ataque. Recordando que responsabilidad y culpa NO son lo mismo, en este caso el esposo está en una posición pasiva. La parte del conflicto que le corresponde es, en primera, que decide permanecer en una relación con alguien que le violenta y amenaza, además de que no hay límites claros.
Es importante que empecemos a dejar de vernos como víctimas de las circunstancias y nos percibamos como agentes vivos, responsables y capaces. Y sí, yo sé que no es fácil, pero tal vez con un poco de ética relacional esto podría suceder.
Soy pobre por tu culpa
El segundo caso está relacionado con una de las razones principales por la que las relaciones terminan: el dinero.
Mi pareja y yo vivimos juntos, él gana el triple que yo y de todos modos me pide que los gastos los llevemos 50 y 50. Cada mes termino con mi cuenta vacía y no me alcanza para comprarme lo que necesito, mientras que a él lo que le sobra se lo gasta en videojuegos o salidas.
Nuevamente, esta persona es víctima de sus circunstancias. Sabe que su economía no es compatible con la de su pareja y es posible que haya resentimiento. Para escapar del lugar de víctima, es importante empoderarse y, para eso, hay que identificar qué áreas son mi responsabilidad para poder hacer algo al respecto.
En este caso, su agencia está en el decidir quedarse en esa relación, a pesar de la incomodidad que genera la diferencia en ingresos económicos. Esta persona da su consentimiento sabiendo que el acuerdo no le es placentero. En este caso, recomendaría utilizar esta herramienta para negociar.
Tengo que hacerlo porque soy mujer
Antes de iniciar con este tercer artículo, quiero atender a algunas personas que tal vez hayan leído el subtítulo y hayan sentido un golpe acompañado del pensamiento ¡eso es absurdo! Para ti que pensaste eso, comparto tu opinión e indignación.
Ya que eso quedó aclarado, algo que sucede con los roles de género es que pueden convertirse en un chivo expiatorio bastante conveniente. Le echo la culpa a que tú eres la mujer y tus responsabilidades son unas o que soy hombre y por eso no hago tal cosa. En este caso, la persona habla de que hace la limpieza por “ser la mujer”. Tal vez el primer impulso sea atacar al esposo por “machista”, pero en este momento el esposo no está y sólo tengo la experiencia de ella. Personalmente, me pregunto qué está pasando con la agencia de esta mujer. Es posible que se sienta obligada porque simplemente “así siempre ha sido” o tal vez tiene amenazas de violencia física, verbal, sexual o emocional.
El tratamiento sugerido de Gotitas de Poliamor es: Tómese tres píldoras de comunicación, una para eliminar las reglas, una para hacer acuerdos y otra para poner límites firmes y amorosos. En caso de que el problema persista, acuda a un psicoterapeuta calificado para obtener ayuda en cuanto a su agencia.
Apropiarme de lo que me toca, evita que sea víctima
El último caso es algo que varios hemos experimentado:
Mi novia acusa a todos mis amigos de intentar ligársela o de que la acosan, buscando que yo me enojé con ello y me aleje.
Aquí me pongo a pensar si la persona sabe que su novia quiere que se enoje y se aleje o solamente lo asume. De cualquier modo, nuevamente vemos que pareciera que ambas personas no tienen opción y son víctimas del entorno.
¿Logras ver el punto común en todos estos casos?
Todas las personas involucradas están siendo sujetos pasivos en la situación. Pareciera que es suficiente con asignar la responsabilidad a algo etéreo como “la obligación”, “los celos” o “las otras personas”, y las personas afectadas no tienen más opción que sufrir lo que les sucede.
Y es que también puede ser muy cómodo entregarle mi agencia a otra persona. Si tú tomas todas las decisiones, lo que salga mal no será mi culpa. Hacer esto puede servirme para no tener que establecer límites firmes, haciéndome responsable de mis deseos y necesidades. Más bien, espero que la otra persona satisfaga mis necesidades así como yo lo requiero, aunque a veces ni yo mismo sé cómo. Ponerse los lentes de la compasión para saber que eso es lo mejor que puedo hacer me permite perdonarme y atenderme; tomar el camino de la ética relacional donde me hago responsable de mi agencia, mi honestidad y mi compasión me llevan hacia donde quiero ir.
La vida después de mi ex
Antes de comenzar mi relación poliamorosa, me consideraba monógamo. De hecho, era un monógamo serial aunque utilizaba el concepto como una broma sin saber que realmente es algo que existe. Desde mis dieciocho años estuve en relaciones de dos años o más, una tras otra, con periodos de algunos meses en medio (en los cuales estaba saliendo con gente hasta encontrar a mi siguiente novio). En esos periodos de “soltería”, experimenté salir con mucha gente, estar solo, enfocarme en mis amigos y hasta practicar nuevas habilidades.
Aún así, siempre arrastraba cosas de mis relaciones pasadas y me llegaron a hacer ruido cuando empezaba una nueva. Ahora que no tengo que dejar una relación actual para empezar otra, tengo una perspectiva diferente.
Más larga no es más exitosa
Uno de los mitos del amor romántico es que tenemos que estar con nuestra pareja “hasta que la muerte nos separe”. El problema aquí es que la única forma en que tu relación monógama sea exitosa es que alguno de los involucrados se muera. Cualquier otra alternativa asume un fracaso inmediato: separarse, divorciarse, abrir la relación o tomarse un tiempo. No importa qué tan hermosa, nutritiva, amorosa y maravillosa haya sido a relación, si se separan y siguen vivos, los comentarios son qué lástima que no haya funcionado.
Esto también implica que puedes estar en una relación tormentosa con alguien que tenga una forma de amar completamente incompatible contigo y recibir aprobación social porque “no se dieron por vencidos”. Eso está algo jodido, ¿no? En algún momento uno de mis exes me dijo que yo había “estado con él dos años más de lo que debí aguantar” (duramos dos años y medio), y tenía toda la razón. Desde que nos conocimos éramos fundamentalmente incompatibles: nuestras formas de expresar y recibir amor eran opuestas y conflictivas, nuestras metas no se encontraban y sexualmente nos gustaban cosas diferentes. Pero yo seguí insistiendo que debíamos seguir intentándolo porque “era amor de verdad”.
Hoy me detengo un poco a preguntarme qué hace mi relación exitosa. Qué cosas me hacen feliz día a día y cómo me ayuda a crecer en el gozo. Además, es importante revisar con qué lentes estoy viendo mi relación.
A veces, puedo pasar un día maravilloso en un parque de diversiones pero si me caigo antes de salir para regresar a casa y me lastimo, voy a recordar ese día como “el día que me lastimé” borrando todo lo divertido.
Todos hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían
Dependiendo de cómo termina la relación, es posible que nos quedemos con un mal sabor de boca debido a la culpa, al enojo, el resentimiento o la decepción que vienen con perder algo que era importante para nosotros. Y ese punto de vista reescribe la historia y de pronto ya “nos damos cuenta” de todo lo malo que no habíamos visto antes. Ay, qué tonto, si siempre fue horrendo y nunca lo supe. Pues, ¿qué crees? Igual y en ese momento no era horrendo.
Es como cuando te comes una hamburguesa así súper grasosa con queso, mucha salsa y chiles. La disfrutas muchísimo mientras la comes y después la maldices mientras te retuerces por la gastritis.
Tu “yo” de ese momento no sabía lo que sabes hoy. Siendo psicoterapeuta y especializándomelos en herramientas de comunicación y resolución de conflictos en pareja, me pasa que volteo a ver mi pasado y pienso qué tonto, ¿por qué hice tanto drama por eso que es tan insignificante?. Sólo que eso no era insignificante para mi “yo” pasado, de hecho mi “yo” pasado lo necesitaba y consideraba esencial para su bienestar. Y ESTÁ BIEN.
El Jaime de 18 años no se sentía suficiente, se sentía feo y creía que nadie podría amarlo como él necesitaba. Ese Jaime pensaba que era dramático, exagerado y codependiente. La única forma que tenía de poder obtener lo que necesitaba era estableciendo reglas restrictivas y siendo inflexible. En ese tiempo, yo no tenía las herramientas que tengo ahora y estaba haciendo lo mejor que podía. Mis parejas en su momento también. Ese hombre que me castigaba ignorándome no tenía otra forma de pedirme espacio, el que me presentaba como su primo no podía aceptarse a sí mismo ante su familia y el que me engañó para quedarse con el departamento sucumbió a su terror de no tener dónde vivir.
Entender lo que hice o hicieron no es para justificarlo, es sólo para validar mi experiencia y la del otro de forma que pueda verlo más compasivamente y hacer las paces con nuestro pasado.
Empezando de nuevo pero no desde cero
La idea de “borrón y cuenta nueva” no me parece útil. Personalmente, ahora utilizo todo eso “desagradable” que sucedió antes para poder conocerme más. ¿Qué límites fueron cruzados y que ahora quiero proteger? ¿Qué acuerdos me hicieron daño y ahora necesito renegociar? ¿Qué reglas nos restringían y qué había detrás?
Cuando dejo de ver a mi ex como el villano y a mí como la víctima, soy capaz de ver mi “relación fallida” como lo que es: una relación entre dos seres humanos que se hicieron lo que pudieron.
Tips prácticos:
Conoce tus lenguajes del amor (haz el quiz aquí).
Estos no son un horóscopo ni un manual que te exhibe de responsabilidad de pedir lo que necesitas. Sin embargo, sí puede ayudarte a identificar y poner en palabras eso que necesitas.
Practica tus lenguajes del amor en ti mismo.
Ya que sabes cuáles de los cinco son los que mejor recibes, inténtalos contigo mismo y descubre cómo te sientes mejor. Esto es útil también para poder comunicárselo a una futura pareja. Es mucho más efectivo decirle a tu pareja las palabras de afirmación me ayudan a sentirme amado y especial que quiero que me hagas sentir que me amas.
Reaprópiate de tus hábitos
Cuando terminamos una relación, hay hábitos que se interrumpen de golpe. A veces extrañamos más eso que a la persona en sí. Por ejemplo, los mensajitos de buenos días, la compañía constante o la sensación de complicidad ante ciertas cosas. Desmenuza las necesidades que cubren esas acciones y explora alternativas que podrían empezar a darte algo similar.
Para hacer esto, primero piensa momentos agradables de tu relación y escríbelos, describiendo cómo te sentías físicamente en ese momento. Ubica las cosas observables que sucedieron (me dio una rosa es observable, me demostró amor es interpretación). Replica esas acciones con otras personas o pídele a alguien que lo haga para ti.
No, no es “patético” pedir lo que necesitas. Empieza a decirte a ti mismo que mereces pedir lo que quieres.
Con todo esto puedes ser más intencional al empezar una relación nueva. No es que te “pase”, puedes ir construyendo la relación que necesitas y quieres.
“No” es confianza, no un rechazo. Aprendiendo a dar y recibirlo.
TL;DR – Al final del artículo puedes encontrar instrucciones para hacer un ejercicio práctico con este tema.
Cuando era adolescente, mi padre tenía el proyecto personal de hacerme un hombre de negocios cuando creciera. Me compró un set de cassettes (ya tengo algunos años) que enseñaban la estrategia perfecta para siempre recibir un sí. Algunas de las cosas que recuerdo son:
• Haz una oferta o petición firme y quédate callado. A partir de ahí, el primero en hablar pierde.
• No muestres tus cartas prematuramente. La otra persona no debe saber lo que realmente quieres.
• Ofrece menos de lo que realmente estás dispuesto a dar.
• Nunca recibas un “no” como respuesta.
Finalmente como comerciante, mi padre estaba acostumbrado a eso y le iba bastante bien. Tenía una forma muy particular de poder convencer a las otras personas de que querían o necesitaban cosas que él quería darles. Durante varios años, intenté llevar a cabo esas estrategias pero había algo en mí que no se sentía cómodo haciéndolo. Me parecía absurdo tener que mentir cuando estaba hablando de algo que quería.
En mi última entrevista de trabajo en un colegio, llegó el momento que más aborrezco: la negociación de sueldo. Mi ahora jefa me preguntó cuánto quería ganar, como es costumbre y yo le contesté no sé, preferiría que me dijeras cuánto me puedes pagar. Ella me regresó la responsabilidad y le dije ok, quiero ganar 50,000 pesos al mes. Sorprendida, se rió y me dijo que era demasiado, a lo que contesté entonces sí sabes cuál es tu límite máximo, ésa es la cantidad que quiero conocer. No me interesa negociar y buscarle a ver quién puede más o menos, yo te puedo decir que lo mínimo que puedo aceptar para este trabajo es esta cantidad, pero conoces mi trabajo y no considero que valga pagarme lo mínimo aceptable.
Las relaciones románticas no son negocios
Al menos no en el sentido que los conocemos. Las relaciones éticas implican que podamos ser vulnerables ante la otra persona y eso incluye dejar de buscar ganar. Frecuentemente se establecen reglas rígidas que deben cumplirse y, cuando se rompen, alguno de los involucrados tiene derecho a reclamo, venganza o castigo.
De una forma bastante literal, las reglas nos llevan a un lugar moralmente superior donde podemos tratar a la otra persona con desdén en caso de que las rompa (y este es el jinete del Apocalipsis más peligroso en una relación).
Al negociar desde un lugar horizontal no jerárquico (donde ni tú ni yo somos moralmente superiores), me veo en la necesidad de considerar un “no” como respuesta. Esto me lleva a conocer mis límites y ser firme con ellos (NO son reglas, lee qué son aquí), además de poner mis cartas sobre la mesa para poder llegar a acuerdos. Esto va directamente en contra de las reglas de un buen negociador que aprendí cuando era adolescente.
Siempre recibe un “no”
Si llegas a una negociación en tu relación con la idea de ganar, necesariamente vas a perder. ¿Por qué? Después de la plática, vas a seguir interactuando con esta otra persona y su relación va a cambiar de acuerdo a los resultados.
Si tu pareja pierde, TÚ PIERDES.
Una relación ética necesita compasión, donde el bienestar de todas las personas involucradas es esencial. Puede que obtengas la satisfacción de creer o sentir que tienes la razón y eso tal vez alimente tu ego de una forma placentera. ¿Qué pasa con tu pareja? Si tu pareja se siente invalidado, derrotado, fracasado o devaluado, tu relación va a sufrir y vas a perder lo que estás tratando de obtener: una relación amorosa donde te sientas bien.
¿Cómo recibo un “no”?
Ahora, no es tan fácil como suena. Generalmente recibimos un “no” como una invalidación de quienes somos, no de lo que hacemos. Por ejemplo, si le ofreces un pastel que tú horneaste a alguien y lo rechaza, es probable que te sientas rechazado. Pareciera que el “no” es una fuerza absoluta que nos niega, sobre todo cuando consideramos que nuestro valor está puesto en eso que hacemos o decimos.
Para poder recibir un “no” de otra forma, primero hay que considerar que la otra persona es un ser humano independiente. Después, saber que es completamente válido sentirnos rechazados y que podemos atender esa sensación con la otra persona. Finalmente, ponernos los lentes de la compasión para asumir buena intención y validar a la otra persona.
Ejemplo:
A: Te traigo muchas ganas hoy, mi amor. Quiero hacer el amor contigo.
B: No tengo ganas hoy.
A: Gracias por confiar en que puedo recibir tu “no”. En este momento me siento rechazado y me da miedo que no te sientas atraído por mí. ¿Podemos hacer algo más que me ayude a no sentirme así?
“No” como un regalo
Siendo que el “no” es una palabra tan fuerte que puede llevarnos a lugares tan vulnerables (tanto al decirlo como al recibirlo), podemos resignificar esta palabra como una señal de confianza. Poder decir “no” es una muy buena señal de comunicación y salud en una relación de pareja. Implica que las personas se sienten con confianza para cuidarse y saben que la relación puede aguantar una negativa.
Un “no” puede ser un regalo así:
-No como un nuevo camino
Decir “no” no tiene que cerrar la conversación. Al contrario, puede ser una oportunidad para explorar algo nuevo. Si recibo ese no como una puerta cerrada que me permite explorar otras nuevas, me será posible conocer alternativas que tal vez no había considerado.
-No como un regalo
Como mencioné anteriormente, decir no también es una muestra de confianza. Una forma muy hermosa de aprender a recibir “no” es contestando gracias por confiar en que puedo recibir tu “no”.
-No como un reconocimiento
Decir “no” también implica que estamos reconociendo y respetando nuestros límites. Para dejarle saber a la otra persona que apreciamos eso podemos responder con un gracias por cuidarte. Esto es útil sobre todo con personas que tienden a ser muy complacientes y ponen el bienestar de otros antes que el propio. Cuando dicen “no”, es realmente un gran esfuerzo y es de admirar que puedan cuidarse.
Ejercicio práctico
No sé cómo haya sido tu experiencia pero a mí no me enseñaron a decir ni a recibir un “no”. Por eso, lo practico con mis parejas en situaciones poco amenazantes para que sea más fácil en temas fuertes. El ejercicio es así:
Siéntense frente a frente. A mí me sirve tomar de la mano a mi pareja pero eso depende de lo que ustedes prefieran. Pongan un temporizador para tomar turnos y elijan quién será A y quién B.
Advertencia: NO hagan peticiones emocionalmente cargadas o significativas. Eviten cosas como “quiero que me digas que me amas” o “quiero que tengamos sexo”, especialmente en el turno de “no”.
Turno 1: A pide – B contesta sí y una pregunta de seguimiento
Durante tres minutos, A le pedirá a B cosas pequeñas e insignificantes (dejo una lista de peticiones al final). B contestará que sí y hará una pregunta de seguimiento como “¿cómo quieres que lo haga?”
Turno 2: A pide – B contesta no – A contesta “gracias por decirme que no” o “gracias por confiar en que puedo recibir tu no”
Al terminar el tiempo, continúa el turno de A pero en esta ocasión, B le dirá que no a todo. Importante: A debe contestar con “gracias por decirme que no” o “gracias por confiar en que puedo recibir tu ‘no’”.
Turno 3: B pide – A contesta no – B contesta “gracias por decirme que no” o “gracias por confiar en que puedo recibir tu no”
Terminando el turno de A, sigue B. En este tercer momento, A responderá siempre “no” y B contestará como mencioné anteriormente.
Turno 4: B pide – A contesta sí y una pregunta de seguimiento
El último turno es B haciendo peticiones y A respondiendo “sí” más la pregunta de seguimiento.
Al terminar el ejercicio, tómense unos minutos para reconectar con un abrazo, apapachos, caricias y palabras de afirmación.
Lista de peticiones sugeridas:
- Quiero que gires tu cabeza a la izquierda/derecha
- Quiero que me pases mi vaso con agua
- Quiero que pongas tu teléfono en tu otra bolsa
- Quiero que me digas hola
- Quiero que levantes una mano
Poliamor consensuado, no jerárquico
Hace unos días subí una publicación a Instagram que generó algo de controversia. La imagen dice “La jerarquía en las relaciones no es ética”. Los comentarios comenzaron con algunas personas diciendo que era algo que necesitaban escuchar y leer debido a su situación actual; sin embargo, también hubo quienes lo tomaron como un ataque a su forma particular de relacionarse diciéndome que no estaba mal y no le hacían daño a nadie.
Lo primero que creo debo aclarar es que no creo que el poliamor jerárquico sea malo o que nadie deba hacerlo. Todos somos libres de relacionarnos como mejor nos acomode y eso siempre será válido.
Cuando digo que el poliamor jerárquico no es ético, me refiero solamente a eso. No cumple con los pilares de una relación ética.
¿Cómo es una relación ética?
En mi investigación y jornada personal y académica, he recopilado varias ideas propuestas por algunos autores acerca de este tema. Mientras que algunos mencionan una o dos características, mi propuesta tiene cuatro pilares (que puedes leer a detalle aquí). Como individuos, todos tenemos la capacidad de hacer lo que queramos (agencia), siempre y cuando comuniquemos aquella información que afecte a mis relaciones (honestidad) para que las personas involucradas puedan dar su consentimiento (libre, reversible, informado, entusiasta y específico), manteniendo el bienestar de todas las personas involucradas en mente (compasión).
¿Entonces, cuál es el problema con la jerarquía?
Una jerarquía implica autoridad, alguien por encima de otras personas de acuerdo a su nivel de importancia. La palabra misma viene de jerarca, que es un superior; del griego hierarchēs, compuesto por hieros (divino) y archos (regente o soberano). Si yo entro a una jerarquía, hay un lugar predeterminado para mí con lineamientos específicos que debo seguir. No se me pregunta si me acomodan, más bien se me advierte que, de no cumplirlos, perderé mi lugar – te ajustas o te vas. Hay relaciones jerárquicas donde los vínculos primarios tienen el poder de “vetar” a los vínculos secundarios y terciarios.
Aquí una pausa. Tal vez leas ese párrafo anterior y pienses ¡cómo puede alguien pensar que eso está bien! o ¡si todos están de acuerdo, no está mal!. Repito, no es que alguna de estas formas de relacionarse sea “mala”. Hablar de que algo está bien o mal de forma generalizada nos lleva a un lugar moralista que no permite la reflexión. Yo no soy nadie para decirle a alguien cómo debe relacionarse porque estaría ignorando el primer pilar de una relación ética: la agencia. Lo que intento con este artículo es llevarte a la reflexión de si esta forma de relacionarte está alineada con tu propia ética.
A diferencia de la moral, la ética es personal y lo importante es relacionarme con personas que tengan una ética compatible con la propia.
Ya que quedó ese punto claro, veamos más específicamente qué pasa con los cuatro pilares en el poliamor jerárquico:
- Agencia: Los vínculos secundarios no tienen la capacidad de hacer lo que quieran, ya está decidido por ellos. La relación primaria dicta cómo será la relación secundaria y hasta dónde llega.
- Honestidad: Como vínculo secundario, si mis deseos o necesidades cambian, no puedo decirlo ya que implicaría ir en contra de la jerarquía preestablecida. En esta estructura, una petición de renegociación de términos puede encontrarse con un pues tú sabías a qué le entrabas y es lo que hay.
- Consentimiento: Más que consentimiento, se vuelve coerción. Si no haces lo que te decimos, no puedes tener lo que quieres. El vínculo secundario no tiene voz ni voto en las negociaciones y debe aceptar lo impuesto.
- Compasión: La satisfacción de las necesidades de los vínculos secundarios dependen de que lo que la relación primaria decida. Como vínculo secundario, mi bienestar es decidido por una relación en la que no tengo voz ni voto.
More than two: El mito de la noche obscura
Uno de los primeros libros que leí acerca de poliamor es More than Two de Franklin Veaux y Eve Rickert. Es literal una guía práctica para comenzar y me abrió el camino a este mundo de la no monogamia ética. En este libro, Franklin habla del poliamor jerárquico y cómo funciona, por lo que hay varias personas que lo utilizan para justificar que es ético. Sin embargo, hay que tomar en cuenta dos cosas: More than Two es experiencia personal, no académica; y, más importante, hay una controversia que llevó a Eve a retractarse de lo que dijo en el libro al darse cuenta de que había estado en una relación abusiva.
Franklin Veaux literalmente dice que “como vínculo secundario, la satisfacción de tus necesidades depende de la relación primaria” y debes estar dispuesto a que así sea, de otro modo el poliamor jerárquico no es para ti. Nuevamente, no digo que eso sea malo, sino que no es ético.
Nadie puede decidir cómo quieres que sean tus relaciones, ni siquiera tus vínculos. Parte esencial de la ética es tener la posibilidad de intervenir en decisiones que te afectan.
Por otro lado, Eve Rickert publicó en su blog que cometió un error enorme en More than Two. En ese libro, Eve habla de “la noche obscura del alma”, indicando que el proceso de deconstrucción es difícil y doloroso, por lo que hay que “aguantarlo”. Esto la llevó a ponerse en lugares tortuosos y aceptar condiciones con las que nunca estuvo cómoda (yo pasé por algo similar, puedes leerlo aquí). Eve dice que esto implicaba no hacer caso a incomodidades cuando “repetidamente sorprender a tus vínculos con decisiones que les afectan, sin considerar sus aportaciones y haciéndoles gaslighting cuando se quejan”.
Entrar a una dinámica de poliamor jerárquico no necesariamente implica que esté de acuerdo. Aquellos que tenemos apego inseguro tendemos a poner las necesidades de la otra persona sobre las propias. Aquellos que vivimos un apego a partir del trauma, difícilmente podemos poner límites claros y precisos.
Aquí el “gaslighting” que menciona Eve puede verse cuando la pareja primaria le dice al vínculo secundario “es tu problema, tú sabías a qué le entrabas y cómo era esto. Si no te gusta, vete”. Eso no es ético ni compasivo.
¿Para qué sirve la jerarquía?
A todo esto, ¿para qué necesitamos la jerarquía? Tener a una relación primaria “intocable” nos ayuda a protegerla. De esa forma, se aseguran de que su relación “no cambiará” aunque se abran al poliamor.
Spoiler alert: al entrar al poliamor, tu relación va a cambiar. De hecho, ese es el objetivo.
Personalmente, soy fan de Dedeker Winston y su más actualizada Smart Girl’s Guide to Polyamory. Además de que tiene una mirada ética y compasiva, es bastante detallada y profesional (finalmente, es una terapeuta especializada). Ella habla de cómo el “privilegio de pareja” está tan grabado en nuestra forma de ser que consideramos esencial ser parte de una relación de pareja para estar completos. Y claro que así es, nos enseñan que las parejas estables tienen un estatus mayor en la sociedad.
Mientras que Dedeker también considera que una jerarquía en el poliamor es algo controversial (tiene un capítulo completo dedicado al tema), explica que existe la jerarquía descriptiva que sucede más orgánicamente. Esto implica que algunas personas tienen ciertos derechos y obligaciones que van con el momento de vida en el que están. Por ejemplo, yo tengo un vínculo con quien vivo y otro con el que no. No es que uno sea más importante que el otro, sino que así decidimos que fuera.
Poliamor consensuado
Si estoy en una relación donde tenemos acuerdos donde todos podemos dar nuestro input y estamos involucrados en las decisiones que nos afectan, entonces ¿es necesario que haya una jerarquía? ¿Realmente hay alguien más importante que otra persona? ¿Es ése el tipo de relación que quiero?
A veces venimos tan acostumbrados a algo que nos funcionaba, que es difícil considerar nuevas opciones. Hablar de una relación poliamorosa consensuada me permite tener la flexibilidad necesaria sin perder la seguridad que requiero. Aún en situaciones donde decido que mi vínculo “primario” es quien vivirá conmigo y estará encargado de la crianza de mis hijos conmigo mientras que mis vínculos secundarios no, esto no tiene que ser imponerle a otras personas este rol. Además, considera a los vínculos como personas, no como satisfactores de la relación primaria.
Y sí, el lenguaje que usamos sí es importante. Cuando le digo a un vínculo que es secundario ante mi primario, estoy replicando una estructura donde alguien tiene más importancia que otra persona. Si estamos en una jerarquía prescriptiva donde todos pueden negociar, ¿para qué hablar de primarios y secundarios? Personalmente, me refiero a mis vínculos como “mi vínculo con el que vivo”, “mi vínculo de 6 años” o simplemente “mi vínculo”. Porque eso es. Por supuesto, mi vínculo que vive solo no tiene que pagar renta ni comida de la casa, sería absurdo porque no cohabitamos. Eso no lo hace más ni menos importante que la persona con quien sí vivo.
Una de las habilidades más útiles en la no monogamia ética es la flexibilidad. Saber que todo cambia y que podemos cambiar juntos.
En el ejemplo de la crianza, puede acordarse que los vínculos secundarios no estén involucrados. Si a lo largo de la relación surge un deseo o necesidad de alguna de las partes para hacer un cambio, es importante que exista un terreno fértil para que esa discusión ocurra. No quiere decir que debas aceptar o negarte, simplemente que no haya un muro que evite que siquiera se mencione el tema.
La decisión del tipo de poliamor que quieras llevar a cabo es completamente tuya. Espero que con esta información puedas sea más claro lo que es el poliamor jerárquico y a qué me refiero con que no sea ético.
Poliamor 101: No sólo es sexo desenfrenado
Hace algunos años conocí a una pareja que se hacía llamar poliamorosa. Estaban casados y tenían encuentros sexuales con otras personas, siempre juntos. Conforme fui conociendo sus relaciones, me di cuenta de que conocían a alguien y comenzaban a interactuar mucho con él, hasta el punto de invitarlo a vivir con ellos. Sin embargo, esa persona no tenía el mismo lugar en la jerarquía y, después de un tiempo, era desechado para dar lugar a una persona nueva. Poco a poco fue evidente el camino de cadáveres emocionales que iban dejando a su paso en su búsqueda por satisfacer sus necesidades como pareja, haciendo uso de un ‘tercero’.
Los cazadores de unicornios y la responsabilidad afectiva
En algún momento, se le llamó ‘unicornio’ a una mujer bisexual que tenía una relación exclusivamente sexual con una pareja heterosexual. Se decía que era tan difícil encontrarla que era como “buscar un unicornio”. Esto, por supuesto, ya no se reduce a un movimiento sexista que cosifica a una mujer, ahora los cazadores de unicornios pueden ser de cualquier género y orientación sexual – como los que te contaba al principio de este artículo.
Aquí siento la necesidad de hacer una confesión: yo también fui cazador de unicornios. Bueno, de unicornio – uno nada más. Al comenzar a abrir mi relación, sucedió que conocimos a un hermoso hombre con quien ambos tuvimos excelente química. Sin embargo, por nuestra jerarquía le dejamos claro que no tendríamos una relación más que sexual. El problema de esta regla (claramente no ética, como lo explico aquí) fue que nos dejó a todos heridos.
La relación entre los tres fue creciendo y cambiando orgánicamente pero ninguno se atrevió a mencionarlo debido a las restricciones jerárquicas preestablecidas.
Este es un buen momento para hablar de la famosa “responsabilidad afectiva”. En círculos de personas no monógamas este término se usa frecuentemente aunque pocos puedan decirte qué es. En pocas palabras, la responsabilidad afectiva implica que todos somos responsables de nuestros afectos, nadie más. Por eso, los clásicos es que tú me hiciste sentir mal, me voy por tu culpa, o si no fueras tan coqueto, no te hubiera puesto el cuerno, no son válidos. SIN EMBARGO, hay muchos que la utilizan como un arma.
El decirle a la otra persona tú eres responsable de sentirte mal así que no sé por qué vienes a hacerme drama, no es ético y no es ser responsable. Eso es una forma de deslindarme de mi parte en el desorden y decirle a alguien más que lo limpie. En este artículo puedes conocer más a detalle cómo funciona la responsabilidad afectiva en una relación ética.
Polidefiniciones
Entonces si el poliamor no son parejas que buscan “un tercero”, ¿qué es? Uno de los errores más frecuentes que encuentro en conversaciones con personas interesadas en el tema (para conocer o para criticarlo) es hablar de poligamia. La poligamia es un término legal para uniones de un hombre con varias esposas (poliginia) o una mujer con varios esposos (poliandria). Esto no tiene nada que ver con poliamor.
El poliamor es un estilo relacional donde las personas están abiertas a tener más de un vínculo afectivo (romántico) simultáneamente donde todos los involucrados están enterados. *Respira* Eso son muchas palabras y nada de pausas así que vamos a desempacarlo.
- Es un estilo relacional porque no depende de la orientación sexual, sexo, expresión ni identidad de género de los involucrados. Puedes ser hombre trans heterosexual que disfrute de tener sexo con personas que tienen pene y ser poliamoroso. Lo único que implica es cómo quieres relacionarte tú con otras personas.
- Tener más de un vínculo afectivo/romántico es lo que comúnmente conocemos como “novios” o “parejas”, sólo que no está limitado a que sea una sola persona. Afectivo/romántico habla del tipo de vínculo. Evito decir sexoafectivo porque puedes ser una persona asexual poliamorosa – de hecho, es una buena alternativa cuando se relacionan con alguien sexual.
- Todos los involucrados deben estar enterados. No todos tienen que relacionarse entre ellos, ni amistosa, ni afectiva ni sexualmente. Con que todos sepan de la existencia de los otros es suficiente aunque nunca se vean la cara.
Como es posible que haya más de dos personas en la relación, generalmente se habla de vínculos en lugar de parejas. Ahora, no es necesario que una persona tenga varios vínculos para ser poliamorosa. No es como que soy poliamoroso hoy porque tengo dos vínculos y si una de esas relaciones transiciona ya no lo soy.
Juntos pero no necesariamente revueltos
Ya que dejamos claro que no todos tienen que estar en una relación cuando se es poliamoroso, creo que es importante explicar algunas de las configuraciones más comunes:
- Triada o trieja: Tres personas que tienen un vínculo entre ellas.
- Relación en V: Una persona con dos vínculos que no se relacionan entre sí. Piensa a la persona como el vértice y a los vínculos como aristas. Ya con esa imagen, puedes imaginar cómo es una relación en W y en N.
- Solo-poli: Una relación donde una persona elige mantener vínculos con otras personas pero sin planes de cohabitar… porque en poliamor no seguimos el guión prescrito de novio, pareja, vivir juntos y casarnos (a menos que sea una decisión consciente).
- Mono-poli: Una relación donde una persona es monógama y sólo tiene un vínculo con otra persona que decide vincularse con más personas.
Esas no son todas las configuraciones ya que depende completamente de lo que los involucrados decidan.
¿Cómo se ponen de acuerdo?
Considerando que no tienes que llevarte bien con todos tus metamores (los vínculos de tus vínculos, conoce más a detalle este concepto aquí), es importante que haya mucha comunicación y que todos estén claros en lo que sucede en la relación. Aún cuando tú no estés vinculado con el novio de tu novio, lo que ellos hacen tendrá cierta influencia en tus relaciones.
Esa red que se construye entre los involucrados se conoce como polícula (mezcla de poliamor y molécula) – piénsalo como una familia.
Cuando llega un nuevo integrante a la polícula, es importante que todos estén enterados y tener en cuenta la ENR (energía de nueva relación). Así como en la monogamia hablamos de enamorarnos, en poliamor hablamos de ENR que es esa emoción e intoxicación que nos da al empezar una nueva relación. Esta distinción surge principalmente porque puede suceder con varias personas simultáneamente y en lo tradicional uno se enamora de una persona a la vez. Pero nos emboba igual.
Igual que en la monogamia, no hay que tomar decisiones cuando estamos bajo la influencia de alguna droga (incluyendo la ENR). Aún así, y por más tentador que parezca, en las relaciones poliamorosas éticas es esencial recordar que las reglas no son éticas (aquí te digo por qué). Las alternativas son los acuerdos y los límites, ya que estos dos toman en cuenta las necesidades de todas las personas involucradas y no limitan la agencia de nadie.
¿Y los celos? ¿A poco los poliamorosos no sienten celos?
No puedo hablar de todas las personas poliamorosas, pero en mi caso yo sigo sintiendo celos. Uno de mis vínculos no siente celos (al menos no tradicionalmente pero puedes leer la historia aquí) y el otro sí. Lo que he aprendido es que estos celos no son tóxicos ni malvados, de hecho así los he transformado en mis amigos para poder aprovechar lo que me dan.
Y precisamente esa es una de las razones por las que algunas parejas se vuelven cazadores de unicornios. La inseguridad e incertidumbre que me da el que mi pareja pueda vincularse con alguien más nos lleva a muchos a pensar que nos van a dejar por la otra persona. Entonces se generan relaciones jerárquicas donde existe la pareja principal y los secundarios (que tienen un límite de hasta dónde van a llegar).
Las relaciones jerárquicas no son éticas ya que interfieren con los cuatro pilares: la agencia, la honestidad, el consentimiento y la compasión. Hay relaciones donde llegan a tener poder de “veto” donde uno le puede decir a la otra persona con quién sí puede o no vincularse.
Tal vez te podrás dar cuenta de que en todo esto, el sexo llega a pasar a segundo plano. En algún momento alguien comentó muy acertadamente que los poliamorosos nos pasamos mucho más tiempo platicando de cómo nos sentimos de tener sexo con otras personas, de cómo se sienten nuestros vínculos de que tengamos sexo con otras personas y de cómo se sienten esas otras personas que teniendo sexo. Y es que tener una relación poliamorosa implica ética, asertividad e intencionalidad. No es algo que nos “pase”. No es una infidelidad. Es tenerlo todo claro, estar dispuesto a ser vulnerable ante varias personas, respetar su agencia para actuar, ser honestos, dar nuestro consentimiento y actuar con compasión.
Amar es una decisión, no un accidente.
Mi primera relación romántica estuvo llena de sufrimiento, dolor y malos entendidos. A mis 19 años mi madre me dijo, “si no puedes dejarlo no lo dejes, eventualmente el dolor será tanto que no tendrás opción“.
Nos conocimos en uno de los primeros antros gay a los que fui. Estaba yo con un amigo y tenía la firme intención de conocer al “amor de mi vida” para empezar mi primera relación fuera del clóset, llena de momentos clichés románticos. Vi a un hombre que me pareció muy guapo y, para mi sorpresa, me sonrió. Cuando le dije a mi amigo lo que estaba sucediendo, él me vio a los ojos y me dijo “no, él no”.
Por supuesto, no le hice caso. Si no, no habría historia qué contar.
Las primeras citas fueron muy bonitas y románticas. Ambos estábamos haciendo lo mejor para ser lo más alejados de lo que realmente éramos para sorprendernos mutuamente. Yo hacía como que no necesitaba mucho apapacho y él actuaba como que era muy amoroso. Para cuando nos dimos cuenta de que nuestros lenguajes de amor, nuestros círculos sociales, nuestros intereses y nuestros proyectos a futuro eran absolutamente incompatibles, ya era demasiado tarde. Ya éramos novios.
Amar es una decisión
Un amigo muy querido me compartió hace un tiempo su definición de amor. Él dice que ama a su esposo porque así lo decide, no porque sea el destino o porque se hayan enamorado. Ese día, mi mente explotó un poco. Se nos enseña que nuestra vida amorosa es muy sencilla: conoces a alguien, te gusta, te enamoras y ya, no hay necesidad de que tú hagas nada puesto que todo se ha decidido por ti.
En la historia que te conté al principio, yo asumí que nos enamoramos porque simplemente así es la vida. No es que no me haya dado cuenta de qué tan incompatibles éramos sino que pensé que eso no era importante si era amor de verdad. Cuando por fin pude terminar con él (en una escena dramática en una madrugada nublada), pasé años hablando de él como la persona más “tóxica” que había conocido, juzgando todo lo que había hecho “para hacerme daño” y cómo yo era un “imbécil” por haber dejado que me tratara así.
Yo era de esos que le echaba la culpa a Cupido por haberme enamorado de “ese infame” o “esa persona tóxica” siendo que yo soy tan amoroso y fiel. El problema de esto es que me quita toda responsabilidad y capacidad de agencia. Las princesas son rescatadas y los príncipes son cautivados, nosotros somos los héroes de nuestra propia historia y todo aquello que salga “mal” es responsabilidad de los dioses del amor que juegan con nuestro corazón.
No soy yo, es Cupido
Probablemente conoces cómo se siente la energía de nueva relación (ENR). Hay quienes dicen que el enamoramiento es una situación universal y que “no hay ninguna cultura que no lo experimente”. Yo siempre tomo este tipo de generalizaciones con algo de cautela ya que me es difícil pensar en absolutos. Por otro lado, tampoco me parece relevante. Lo importante para este artículo es como tú y yo experimentamos esta sensación. Para mí, es un calor en el pecho, en las mejillas, pensamientos constantes en la otra persona y un alivio placentero cuando tenemos cualquier tipo de contacto. Pero eso es ya cuando estoy bastante metido en el enamoramiento.
Y es que fisiológicamente sí hay químicos en nuestro cerebro que se ponen intensos cuando conocemos a alguien con quien hacemos click, así como también nos dan ganas de dar el tarjetazo cuando vemos ese artículo que nos encanta o queremos comernos la pizza completa. Esa parte animal está ahí y es muy real.
Sólo que como seres humanos, no somos esclavos de nuestros instintos.
Cuando conocí a este hombre de la historia de hoy, me sentí inmediatamente atraído. ¿Por qué? Puede ser por mi historia, por mi contexto, por mis carencias, por mis habilidades, por los astros, por Cupido o porque simplemente era un hombre atractivo. Yo decidí seguir conociéndolo. Cuando tuvimos las primeras discusiones, cuando empezaron las situaciones donde yo me sentía denigrado y rechazado, yo decidí seguir en esa relación. Cuando me quedé solo en la calle esperándolo porque había ido a ver a su jefa sin saber que tenía una hora que se había ido a su casa, yo decidí seguir viéndolo.
Yo digo hasta dónde
Hay varios mitos del amor romántico que nos dicen que debemos seguir en una relación, escalando cada vez más. Entre los más evidentes está “el amor es escaso”. En este artículo puedes leer más a detalle cómo vivimos este mito pero una de las ideas que más me resuena es que cuando elijo algo porque creo que no tengo opción, no estoy eligiendo realmente.
Como yo pensaba que enamorarme era una condena ante la cual yo era completamente impotente, sufrí nuestras incompatibilidades y me forcé a cambiar elementos muy importantes para mí. Por otro lado, constantemente insistía en que él cambiara cosas que “evidentemente estaban mal”, ¿cómo iba a estar bien irse con alguien a Honduras después de que le declaró amor eterno, sabiendo que éramos monógamos?, me preguntaba.
¿Qué pasa cuando me vuelvo responsable de mis decisiones y tomo acción al respecto?
Ahora cuando conozco a alguien que me gusta, estoy consciente de mis reacciones fisiológicas y emocionales. Amo disfrutarlas y sentir esa emoción tan rica que es propia del flechazo de cupido. También decido si quiero seguir sintiendo eso o no dependiendo de qué es lo que quiero.
Aunque suena intimidante, elegir mis relaciones y elegir enamorarme me empodera para saber si es lo que quiero para mí en mi vida.
La escalera eléctrica de las relaciones en la monogamia tradicional funciona así: te subes al primer escalón y la relación comienza a avanzar, quieras o no. Si te quedas mucho tiempo en un nivel (como ser novios sin vivir juntos), la gente empieza a preguntarte si todo está bien. Si no te mueves, se asume que tu escalera eléctrica está rota y hay que arreglarla o buscar otra que sí sirva.
En las relaciones éticas, monógamas y no monógamas, la escalera no es eléctrica y no está rota. Los involucrados pueden subir de escalón, bajar o quedarse en el que más les acomode el tiempo que quieran. Mediante la comunicación asertiva, la empatía y siguiendo los cuatro pilares de una relación ética (con la compasión por delante), la relación puede mantenerse viviendo separados, amándose profundamente toda su vida. También pueden decidir dejar de vivir juntos y seguir con su relación. Y pueden decidir que son “novios”, “pareja”, “vínculos”, “langostas” o lo que quieran, siempre y cuando todos los involucrados lleguen a un significado común.
No hay una forma correcta de tener una relación romántica ya que todos somos diferentes. Lo que necesito contigo es diferente a lo que necesito con otra persona. Lo que necesito hoy probablemente sea diferente a lo que necesite en un año. La flexibilidad desde la compasión y la comunicación es clave.
Las relaciones no “pasan”
Al cambiar este punto de vista, me doy cuenta de que las cosas no me “pasan”. Yo decido y elijo, independientemente de lo que el entorno me diga. No me enamoré de mi pareja “de pronto”, construimos una relación poco a poco con mensajitos, apapachos, regalitos, palabras bonitas, besos, caricias, sexo, complicidad y tantas otras cosas que requieren que yo sea un agente activo en la situación. Estoy consciente de que mis sentimientos van creciendo poco a poco (a veces, no tan poco a poco) y veo los detalles que funcionan como leña que va avivando el fuego del enamoramiento.
También soy capaz de detenerme, ir más lento, retroceder o retirarme por completo dependiendo de lo que yo necesite (siempre informando al otro para mantenernos éticos). Es cierto que hay personas que disfrutan con dejarse llevar y eso es completamente válido, siempre y cuando se hagan responsables de esa decisión y no estén culpando al mundo por forzarlos a hacer cosas que no quieren.