Las fases del amor

Odio empezar nuevas relaciones. Realmente es algo que aborrezco.

“Ay, Jaime, ¿a poco no te encanta esa sensación de estar enamorado y como que todo el mundo cambia?”

No, querida persona que lee mi blog, prefiero mil veces la seguridad y tranquilidad que me brinda estar ya en una relación establecida. La famosa Energía de Relación Establecida (ERE) a la pinche Energía de Nueva Relación (ENR)

Desafortunadamente, no se puede tener una sin pasar por la otra.

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¿Cuál es la diferencia entre tener una serie de citas casuales y empezar una relación formal? ¿Es sólo el título lo que cambia?

Popularmente, se confunde la “codependencia” con buscar que alguien satisfaga tus necesidades de conexión, atención, sexo y apapacho. ¡Como si esto fuera algo sin lo que se pudiera vivir! Aún así, vemos como “intensas” a las personas que buscan esta conexión y se alaba a aquellas que son independientes y no “necesitan a nadie”. Si tengo a dos personas, una de ellas se siente triste cuando la persona que ama se va por un tiempo y la otra ni cuenta se da, ¿quién tiene el apego más sano?

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Prepárate para hacerle daño a quienes amas.

En algún momento de mi vida aprendí que decir “no”, expresar lo que necesito y ser firme acerca de mi autocuidado, le hacían daño a las personas que amo. Por lo tanto, fui desarrollando habilidades de autogestión basadas en ser extremadamente complaciente, mantener mi ojo puesto en las necesidades de la otra persona, invalidar mis deseos y necesidades diciendo “no es para tanto” y, efectivamente, haciendo hasta lo imposible para no tener que decir “no”.

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Los límites que más me cuestan.

Siendo psicólogo y psicoterapeuta que se dedica a relaciones éticas, estudiando y practicando herramientas de comunicación, negociación y explorando mis necesidades para poder gestionar emociones como celos e inseguridad, mucha gente piensa que para mí es sencillo poner límites.

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Tríadas: Una guía no definitiva.

Mi jornada hacia la no monogamia ética comenzó realmente con una cuasi-tríada accidentada que surgió a partir de asumir que podía controlar lo incontrolable e ignorar todo aquello que me incomodaba. La historia clásica fue: una pareja conoce a una persona, comienzan a relacionarse sexualmente, surgen afectos que se ignoran por miedo e inseguridad, todos se hacen mensos y, eventualmente, la relación colapsa cuando el vínculo entre dos es más fuerte que el que había entre los tres.

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Anarquía relacional: Relaciones personalizadas.

Imagina que tú y la otra persona con quien te quieres relacionar van a un buffet donde pueden elegir todo lo que quieran. La única condición es que van a compartir un plato. De las opciones que hay, cada quien elegirá cosas que le gusten y decidirá si es algo esencial, negociable o algo que definitivamente no quieren en el plato.

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Consentimiento entusiasta: ¿Lo quieres o lo aguantas?

De las cinco características del consentimiento, la que menos pensé que generaría dudas y controversia fue entusiasta. Cuando veía que me pedían que explicara a qué me refería con eso, me quedaba un poco confundido y sin saber cómo abordarlo porque pensaba, “entusiasta es… ¡pues entusiasta!”, aunque me sentí Sofía Niño de Rivera hablando de los winnies.

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Agencia: El primer pilar de relaciones éticas.

Empezando mi vida en relaciones románticas, estaba muy emocionado y lleno de anticipación pensando todo lo que podría pasar. ¿Sería que el destino me llevaría a conocer a mi príncipe azul inmediatamente? O tal vez tendría que pasar por algunas pruebas primero, hasta que los dioses del Olimpo decidieran que finalmente merecería mi final feliz.

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