¿Qué tanto es tantito? Parte 1 – Reglas

Si le dices a tu pareja que no puede ver La Casa de las Flores con nadie más antes de verla contigo, ¿es ético? Y si lo hace y terminas tu relación con esa persona, ¿es exagerado y dramático?

Relaciones éticas

Antes de hablar de qué le vas a prohibir a tu pareja- digo, de cómo llegar a acuerdos éticos, vamos a ver un resumen de qué hay en una relación ética. Los cuatro pilares que propongo son:

  1. Agencia – Cada persona es independiente y tiene todo el derecho de hacer lo que quiera. Nadie puede decirte qué hacer o no hacer. Tú eres responsable de tus propias decisiones.
  2. Consentimiento – Tú decides estar o no en una relación. Como persona con agencia, también puedes decidir retirar tu consentimiento en cualquier momento que te sientas incómodo.
  3. Honestidad – Decir la verdad implica que las personas que dan su consentimiento cuentan con toda la información pertinente. Si tienes información que cambiaría cómo alguien se comporta contigo y eliges retenerla, cuenta como mentir.
  4. Compasión – Todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos. Todas las personas en la relación hacen todo lo posible para que los participantes estén bien. A veces no sale como queremos pero no es por mala fe.

Si quieres ver estos cuatro pilares más a fondo, checa mi artículo en https://vinculocolectivo.com/2019/09/27/cuando-todos-pueden-hacer-lo-que-quieran-poliamor-y-etica/

Reglas para controlar y apaciguar el miedo

Si no ponemos reglas, ¡esto no va a funcionar! Imagínate, ¡si cada quien hace lo que quiera, vamos a salir lastimados todos!!

Cuando digo que las reglas son poco éticas esa es la respuesta que generalmente recibo. Estamos tan acostumbrados a vivir con miedo de que toda la gente quiere lastimarnos y aprovecharse de nosotros que necesitamos asegurarnos de alguna forma que eso no suceda. El miedo a perder el control, a sentirnos incómodos o a ser abandonados nos puede llevar a querer restringir lo que nuestra pareja hace.

¿Por qué no son éticas?

Una regla se establece para limitar la agencia de la otra persona. Debido a que las consecuencias generalmente implican recriminación, enojo o castigo, lo que era consentimiento se vuelve coerción. Reglas como “no puede gustarte nadie más que yo”, puede comprometer la honestidad de la otra persona. Finalmente, una regla se establece para que yo no me sienta incómodo y no toma en cuenta el bienestar y las necesidades de mi pareja, careciendo entonces de compasión.

Las reglas van en contra de los cuatro pilares de una relación ética.

¿Entonces anarquía?

No vivimos en un mundo donde todo es blanco o negro; de hecho, más bien es un mundo de grises. La alternativa ética a las reglas son los acuerdos y los límites.

Mientras que las reglas terminan conversaciones (vas a hacer esto o tienes esta consecuencia y punto), los acuerdos las comienzan. Donde las reglas intentan controlar el comportamiento de mi pareja, los límites me protegen y atienden mis necesidades de forma independiente.

Además, ¿cuántas veces no hemos caído en el hoyo negro de la semántica? Como cuando dices “¡ayer no llegaste a casa y nuestra regla es que no puedes dormir con nadie más!”, pero tu pareja astutamente contesta “pero no dormimos, así que no rompí la regla”.

Más que palabras bonitas

Uno de los miembros del grupo que manejo me comentaba que para él, la diferencia entre reglas y acuerdos no era más que las palabras que se utilizan. Esto puede suceder, sobre todo cuando la diferencia no está muy clara.

Los acuerdos son flexibles y se adaptan a los cambios que suceden conforme la relación crece. En la siguiente entrada hablaré más a fondo acerca de estas diferencias.

Ejemplo de regla:

No puedes ver La Casa de las Flores si no estamos juntos (¡o verás lo que sucede!).

Ejemplo de acuerdo:

Quiero ver La Casa de las Flores y me gustaría mucho verla contigo. ¿Te parece si vemos la serie juntos?

Se trata de confianza

En Multiamory.com explican que mientras que las reglas dicen “no puedes hacer X o Y porque me puedo sentir mal o incómodo”, los acuerdos dicen “espero que tomes decisiones que me beneficien y nos hagan bien y confío en que harás lo posible por que así sea”.

Si te suena utópico, sería importante explorar qué tanto confías en tu pareja. Qué tanto sabes que tu pareja tiene tu bienestar en mente y hará lo mejor que puede con lo que tiene. ¡Elige estar con alguien en quien confíes!

Práctica

Por supuesto, esto requiere práctica. La semana que viene seguiré con la segunda parte de este tema, explorando qué son los acuerdos, tips para poder utilizarlos y ejemplos de cómo funcionan.

Peleando Limpio – Herramienta para comunicarte mejor.

Uno de los mantras en poliamor es “comunicación, comunicación, comunicación”. Suena obvio y muy sencillo pero la realidad es que nos enseñan a hablar pero rara vez nos enseñan a comunicarnos.

Veamos un ejemplo a ver si te suena familiar:

A: ¿No sacaste a los perros en la mañana?

B: No. Siempre los sacas tú.

A: Claro, si yo no lo hago no se hace. Nunca me apoyas.

B: Eres un exagerado. Yo tengo muchas cosas qué hacer, no entiendo por qué no puedes manejar algo tan simple como sacar a los perros. Además, uno es tuyo.

A: ¿O sea que lo que yo hago no es importante? Uy, ¡perdón! Siempre es lo mismo contigo.

En una conferencia que di hace unos días, expliqué que discusiones como el ejemplo anterior son intentos de resolver conflictos y vienen de un lugar de mucho amor y ganas de cuidar la relación. Por supuesto, todos hacemos lo que podemos con las herramientas que tenemos.

Desmenuzando el conflicto

Antes de pasar a la herramienta de resolución, veamos cómo es esta que todos traemos.

Tanto A como B tienen una necesidad y una petición. ¿Puedes identificar cuál es? A está pidiendo apoyo y B está pidiendo espacio. Claro, ninguno de los dos está siendo claro y, al sentirse frustrados, la situación rápidamente escala a utilizar palabras peligrosas como siempre y nunca.

No son ganas de fregar, hay una intención de conexión y afecto detrás del diálogo. Sólo está muy escondida.

Peleando limpio

Multiamory.com tiene varias herramientas de comunicación muy efectivas. Una de mis favoritas funciona así:

A: Veo a los perros inquietos y creo que no han salido aún. Me siento incómodo ya que tienen que salir y me siento muy cansado. ¿Podrías sacarlos hoy?

En el primer ejemplo, A asume que su petición está clara y se enfada cuando no es atendida. Además, se siente atacado y reacciona con más ataques.

Por otro lado, en el ejemplo de esta sección se está practicando la comunicación no violenta. Puede parecer sencillo pero hace toda la diferencia. Funciona así:

  1. Describir el suceso de la manera más objetiva posible (sin incluir sentimientos ni juicios). Ejemplo: “Cuando salimos de casa y caminamos, estabas unos pasos adelante de mí”. NO “Cuando salimos de casa me ignoraste y no me tomaste de la mano como siempre“.
  2. Describir cómo te sientes con esa situación sin incluir acciones que haya hecho la otra persona. Ejemplo: “Me sentí triste porque me gusta caminar junto a ti y tomar tu mano”. NO “Me hiciste sentir triste porque no me tomaste de la mano“.
  3. Expresa tu necesidad. Ejemplo: “Necesito sentirme cerca de ti.”
  4. Expresar una petición abierta y flexible. Ejemplo: “¿Me podrías ayudar a encontrar una manera de hacerte saber cuando esto pase para poder resolverlo?”. NO “Tómame de la mano siempre para que no me sienta mal“.

¡Pro-tip!

Hay que tomar en cuenta los siguientes puntos:

  1. Si te sientes demasiado enojado, hambriento, cansado o solo, ¡detente! Tómate un tiempo antes de iniciar la conversación. Estas sensaciones fisiológicas tienden a anular la efectividad de la técnica.
  2. Habla de ti. No es lo que la persona te hizo a ti sino cómo te sentiste con lo que sucedió.
  3. Cuidado con los ataques y juicios disfrazados de sentimientos. Decir “me hiciste sentir mal” es un ataque, “me sentí mal cuando pasó esto” es una descripción.
  4. Las peticiones no son exigencias. Si le pides algo a alguien, esa persona está en toda la libertad de negarse… Y ESTÁ BIEN. Por eso las peticiones se dejan abiertas para que la otra persona pueda buscar una forma que le sea efectiva para ayudar. Una exigencia implica que la persona debe aceptar o lidiar con consecuencias poco agradables y a eso le llamamos coerción.

¡Practica!

La comunicación no violenta no es algo que nos enseñen a todos desde pequeños. Al principio requiere tomarte unos minutos y realmente pensar en lo que estás diciendo. Toma tiempo pero eventualmente se volverá tan natural para ti como reclamarle a tu pareja por qué no lava los platos (o más, espero).

Para empezar, ¿puedes identificar la forma no violenta para la respuesta de B en el ejemplo de arriba?

¿Y si mi pareja no sabe hacerlo?

Lo ideal es que todos los miembros del conflicto puedan utilizar esta herramienta para maximizar los resultados. Sin embargo, con que una persona sea capaz de llevar esto a cabo, el conflicto se volverá más llevadero y será más fácil resolverlo de la mejor forma.

Si te interesa aprender herramientas de comunicación en pareja y resolución positiva de conflictos, pronto estaré ofreciendo talleres en esos temas. ¡Sígueme en Instagram y Facebook para que no se te pasen!

Desenredándote en una relación codependiente sin soltar a tu pareja.

“Y, ¿cómo empiezo?” es de las preguntas que más frecuentemente escucho cuando alguien se interesa por entrar al poliamor. Es común pensar que lo más importante es asegurarte de que no tengas celos o de que tu relación esté lo suficientemente sólida para resistir el cambio.

Resulta que no es eso.

El paso que más nos saltamos cuando abrimos una relación

Recientemente me compartieron un artículo escrito por Polyamory School acerca de este tema precisamente. Entre todo lo que comentan, me gustaría empezar con tres lecciones que consideran debemos aprender:

  1. Aún si tengo tiempo solo, sigo siendo amado.
  2. No voy a hacerme bolita y morirme porque me dejan solo.
  3. Tener vidas individuales nos hace personas más interesantes y eso refuerza nuestra relación.

Para aquellos de nosotros que empezamos desde una relación monógama o que simplemente no conocemos otras formas de relacionarnos, es muy fácil enredarnos en nuestras relaciones de pareja. Según Polyamory School, la monogamia es un suelo muy fértil para sembrar codependencia. ¿Está mal? No. ¿Sirve para ser poli? Tampoco.

De codependencia, romance y vidas fusionadas

Para muestra, un botón. En la relación que tengo con mi pareja (con quien vivo), hemos dormido separados un total de ocho veces en casi seis años. Nos hemos bañado separados menos de quince. Siempre me ha parecido increíblemente romántico ya que para mí eso demostraba todo el interés y la necesidad que teníamos de estar juntos.

Para algunos de ustedes, eso puede ser algo espeluznante. Habrá quien diga de manera experta y elocuente “eso es un claro signo de codependencia“.

Siempre he pensado que en las relaciones humanas todo se vale siempre y cuando todos los involucrados den su consentimiento informado y no haya ningún tipo de coerción. Habemos quienes disfrutamos mucho de vidas fusionadas y habrá quien necesite mantener esferas privadas e independientes. Ninguna es mejor porque todos tenemos necesidades diferentes.

El punto está en que esto debe ser flexible. Cuando se empieza una relación poliamorosa, hay que saber que es imposible tener una relación tan enredada. Hay que dejar algunos hilos para los vínculos que se vayan agregando.

Guía paso a paso

En poliamor y en las relaciones humanas no hay guías paso a paso que sean efectivas para todos siempre. Dicho eso, el artículo de Polyamory School tiene una propuesta maravillosa que, si bien no es una panacea, considero extremadamente útil.

Para desenredarte antes de abrir tu relación, puedes hacer lo siguiente:

Paso 1: Elige una noche y vete.

Cada uno de ustedes debe elegir una noche específica de la semana para salir. Las condiciones son que no pueden ir juntos y no pueden elegir la misma noche. Por el momento, limítate a actividades lúdicas que no incluyan salir con alguien románticamente. Puedes ir al cine, a tomar un café, al karaoke, al teatro o a caminar. Si esto es fácil o después de hacerlo algunas veces, intenta no preguntarle a dónde va hasta que regrese.

Paso 2: Cambia a una noche al azar

Igual y hasta un día del fin de semana. Por el momento, ¡aún no hagas citas románticas! Esto ayuda a que se vayan acostumbrando a pasar tiempo separados sin que eso amenace su relación o su intimidad.

Paso 3: Invítense a tener citas

Ahora que hay noches en las que cada uno de ustedes tiene tiempo para sí mismo, se deja de obviar que pasarán tiempo juntos. Las noches de rutina donde van de cenar a ver Netflix a la cama a dormir se están volviendo más esporádicas y es posible que haya cosas que quieran compartir. Tal vez en una de tus salidas encontraste un lugar que sabes que le gustaría a tu pareja… ¡invítalo a salir! Pregúntale qué día le queda mejor y hagan un plan. Ya no es un “ah, el viernes vamos a hacer esto” sino “me gustaría salir contigo el viernes, ¿cómo ves?”.

Esto es un gran cambio. Ya no asumen que estarán juntos y su tiempo se vuelve más intencional y de calidad.

Paso 4: Ahora Y SÓLO AHORA salgan con otras personas en plan romántico

Vayan lento. Esto es un proceso que debería tomar varias semanas. Tómense su tiempo que nadie los está correteando. Puede ser empezar con una noche a la semana para salir con alguien y después de un par de meses empezar a incrementar el número.

Ojo! Esto sólo es una guía y recuerden que las personas en la relación son más importantes que los acuerdos y la relación en sí. Hay que comunicarse mucho y platicar cada paso que se da. Es válido regresarse un paso o poner pausa al proceso. Todo es válido siempre y cuando todos los integrantes estén de acuerdo.

Dos individuos compartiendo su vida

En pocas palabras, volver a ser personas independientes puede abrir un mundo completamente nuevo para su relación. Esa persona que conociste, independiente de ti, es de la que te enamoraste. Es hermoso compartir una vida, un espacio y planes – es hermoso poder hacerlo con otra persona que tiene cosas que aportar y compartirte.

School, P. (2017, June 27). The Most Skipped Step When Opening a Relationship. Retrieved October 15, 2019, from https://medium.com/@PolyamorySchool/the-most-skipped-step-when-opening-a-relationship-f1f67abbbd49?sfns=mo.

Donde el amor es escaso

En mi adolescencia, pensaba que nunca encontraría un amor y moriría sin saber siquiera cómo era besar a alguien. No sólo era el único gay en el mundo (porque así me sentía en ese momento) sino que no me consideraba nada atractivo.

Por supuesto, salté sin pensar cuando alguien mostró interés por mí. Estaba tan emocionado y agradecido con el universo que no me importó que nuestras formas de ser, vidas, formas de querer y experiencias fueran completamente incompatibles. Después de que esa “relación” terminó, conocí a alguien más. Nuevamente pensé “este es el momento, ¡si no es él, no habrá nadie más!”.

Esa segunda relación estuvo llena de conflicto, dolor, manipulación, inseguridad y celos. Yo no era feliz pero, al menos, tenía novio.

El modelo de austeridad en el amor

Al creer en el “amor verdadero”, suponía que sólo tenía una oportunidad y ya. La tomas o la pierdes y vives solo para siempre. Cuando no me hacía feliz y eventualmente terminaba con un truene doloroso, lo justifiqué pensando que ese no era el bueno; había que seguir buscando.

Mi enfoque siempre estaba en todas las veces que había “fallado”, en el rechazo y la incertidumbre de saber que cada relación le quitaba tiempo al verdadero amor. Además, me quedé mucho tiempo en relaciones que no me satisfacían por pensar que tenía que estar con ese de quien me había enamorado. No tenía más opción.

Franklin Veaux en su libro Más de dos: una guía práctica para el poliamor ético habla del modelo de austeridad en el amor. Él dice que el riesgo que tenemos al seguir esta idea de que hay pocas oportunidades de amar y ser amado es que se refuerza y comprueba por sí mismo. Si sólo veo las veces que he sido rechazado, eso afecta mi autoestima y seguridad. Si creo que tengo escasas oportunidades para amar, me vuelvo desesperado e impaciente y eso me hace menos atractivo. Por lo tanto, es más difícil que alguien se interese en mí y, entonces, creo que realmente es cierto que no hay opción.

El modelo de abundancia

Después de varios años de encontrar al “amor de mi vida” sólo para terminar con él me di cuenta de que, tal vez, no sólo hay un amor de mi vida. Es más, al ver hacia atrás me di cuenta de que había tenido, al menos, cuatro personas que se habían interesado en mí y me habían amado de la forma que les había sido posible. Además, durante ese tiempo había conocido gente atractiva e interesante que se había fijado en mí. Por supuesto, el número de mis parejas se había limitado a cuatro porque sólo había tenido uno a la vez… ¡Pero sí habían existido otros!

Algunas de mis relaciones pasadas habían estado tan enfocadas en hacerlas funcionar para no estar solo que no nos dimos cuenta de que dejamos de lado una motivación más funcional: estar juntos para compartir intimidad y amor.

Es cierto que de los billones de personas que hay en el mundo, un porcentaje se siente atraído por hombres, un porcentaje aún más pequeño coincide con el tipo de hombre que me gusta… Una cantidad aún menor incluye a las personas que también se sentirían atraídas por mí y, finalmente, pensar en compatibilidad de lenguaje de amor y objetivos de vida reduce ese número mucho más. Pero, ¿sabes qué? ¡Eso significa que existen miles de personas con las que me podría relacionar en amor y gozo! Claro que en mi vida sólo podré estar con unos cuantos porque ¿quién tiene tiempo para atender más de dos novios a la vez?

#Choices

El punto es que estadísticamente tengo miles de oportunidades para conocer al amor de mi vida y vivir feliz compartiendo amor con él. Puede que decida hacerlo uno a la vez (monogamia) o no (poliamor). Puede que mis parejas actuales y yo decidamos estar juntos el resto de nuestras vidas o transicionemos a ser amigos, amantes o extraños. Sin embargo, hoy eso es una decisión basada en un deseo por ser feliz y disfrutar el amor.

Cuando elijo algo porque creo que no tengo opción, no estoy eligiendo realmente. Estar con alguien por miedo a estar solo no permite gozar el amor y la intimidad. Controlar a alguien para que no se vaya no permite disfrutar saber que uno es elegido por el otro a pesar de que tiene miles de oportunidades diferentes… Más importante aún, no permite gozar el saber que yo soy lo suficientemente valioso para esa persona y me ama tanto como para querer compartir su tiempo conmigo.

¿Te has puesto a pensar qué modelo utilizas? Estando en una relación, ¿por qué te quedas ahí? ¿Por amor o por miedo?

Acepto términos y condiciones

Si vamos a salir, te aviso que soy súper posesivo, celoso, inseguro, ansioso, obsesivo y me levanto a las 6 de la mañana los domingos. ¿Le entras?

La respuesta de uno enamorado, intoxicado, es inmediatamente “acepto términos y condiciones”. En esa condición, no hay nada que nos parezca inaceptable o loco. Además, el amor todo lo puede, ¿no? Ya que estemos juntos, va a cambiar porque nadie lo ha amado como yo lo amaré.

Las letras pequeñas

Cuando empiezas una relación, ¿qué tanto te detienes a ver si lo que estás aceptando es lo que quieres? En las relaciones monógamas tradicionales, este contrato se considera tan obvio y estructurado, que no parece necesario ver las cláusulas. ¡De todos modos no hay de otra!

Yo enamorado he aceptado cosas como:

1. Te amaré incondicionalmente

2. Sólo tendré relaciones sexuales contigo

3. Tú serás el dueño de mi tiempo libre

4. No te dejaré por ninguna razón porque es amor verdadero y eterno

Lo que nunca consideré fueron las sub-cláusulas:

1.1. Aunque tu lenguaje para expresar amor y el mío no sean compatibles

1.2. Aunque mis necesidades de sentirme amado no estén cubiertas

2.1 Aunque siga sintiendo atracción sexual por otras personas

2.2. Aunque nuestra sexualidad sea dinámica y eventualmente pueda tener episodios de menos compatibilidad

3.1 Aunque eso signifique que no vea tanto a mis amigos y tenga menos tiempo para mis propios hobbies

4.1 Aunque cuando pase la intoxicación me dé cuenta de que tenemos proyectos de vida y percepciones fundamentalmente incompatibles

Escribiendo el contrato juntos

Cuando empiezas una relación poliamorosa, debes estar muy consciente de que pasarás mucho del tiempo con esa persona hablando y negociando. No hay un camino a seguir y mucho de lo que sabías de la monogamia no aplica. Es necesario hablar de qué significa compromiso para cada uno de los integrantes, qué esperan y cómo les gustaría que sus necesidades sean satisfechas, cuándo, dónde y cómo se verán.

El contrato lo escriben juntos, sabiendo que sólo es un plan descriptivo de la situación actual con los participantes que se encuentran en ese momento. En el futuro, es altamente probable (casi seguro) que ese contrato tendrá que irse modificando. Puede que lleguen nuevos vínculos, puede que sus necesidades cambien o simplemente que quieran explorar algo diferente.

La clave para que tu relación poliamorosa sea lo más efectiva posible es la flexibilidad.

¿Y para los monógamos?

¡También! Una relación monógama no tiene que dar por hecho los significados y puede decidir que ambos integrantes construirán la forma en como será su relación. Todo se vale siempre y cuando todos los involucrados den su consentimiento informado y honesto.

Asumimos que la base de una relación monógama es la exclusividad sexual. Prácticamente todo es perdonable siempre y cuando ese elemento se respete. Pero, ¡qué bonito sería que cada pareja se sentara a platicar de qué necesitan y cómo pueden trabajar en equipo para construir su felicidad juntos!

Al menos, creo que sería importante que se aseguren de que tienen la misma definición de sexo. No vaya a ser que violan alguna cláusula por problemas de significado.


¡Poli-pregunta!

¿Qué es sexo para ti?

Sonará muy obvio pero cuando dices “tuve sexo con alguien”, ¿te refieres a contacto genital solamente? ¿Qué pasa si se mantienen vestidos pero pasan toda una tarde en la cama besándose y abrazándose? ¿Qué pasa si nadie tiene un orgasmo?

Este es uno de esos conceptos que deben quedar bien claros en cualquier tipo de relación. No asumas que tu pareja entiende lo mismo sólo porque para ti es obvio. Antes de hablar de fidelidad, ¡hay que asegurarnos de que hablamos de lo mismo!


El tóxico no eres tú…

No, tampoco es tu pareja, si es lo que esperabas encontrar aquí. Se ha vuelto muy común usar la palabra “tóxico” para hablar de cosas que consideramos no deberían ser o simplemente que no nos hacen felices.

¿Qué es ser tóxico?

En internet todos somos expertos en salud mental y relaciones sanas. Sólo con entrar a Facebook y publicar un problema, tendrás decenas de comentarios de todos aquellos que saben exactamente qué hacer y qué no hacer. Los memes de dejar tu “ex tóxico” abundan y todos nos reímos porque sabemos exactamente a qué se refiere. ¿Cierto? ¿Crees que tu definición de tóxico sea la misma que la de las demás personas?

Como profesional de la salud mental, más de una vez me he encontrado con personas que me piden validar su definición de toxicidad. Yo sólo los veo y les pregunto qué es toxicidad para ellos. Por más sorprendente que parezca, ni en la universidad ni en la maestría tuve una materia que se llamara “relaciones tóxicas 101: cómo identificarlas y qué hacer con ellas”.

Lo que sí puedo decir es que yo no creo que existan las personas tóxicas.

¿Toxicidad o incompatibilidad?

Veamos un ejemplo de una relación “tóxica”: A y B son pareja y tienen una discusión. A insiste que deben platicar en ese momento para resolver el problema y se rehusa a dejarlo ir. B se retrae y busca un espacio para pensar y evitar que el conflicto siga.

¿Quién es la persona tóxica?

Yo me atrevo a decir que ninguna de las dos. Más que hablar de personas tóxicas, prefiero pensar en relaciones incompatibles. Es como si nos emparejáramos al azar, sin siquiera considerar quién es la otra persona.

Para empezar, se piensa en el enamoramiento como si fuera una maldición. Te gusta alguien, te enamoras de esa persona y ya. No tienes opción. No importa si sus vidas, su forma de ser y sus necesidades son compatibles. Las películas y la sociedad nos enseñan que si es “verdadero amor”, nada de eso es esencial. Además de que estamos intoxicados y todo lo que la otra persona hace es perfecto y hermoso. El problema está cuando eso no sucede y nos quedamos pensando que tenemos una falla fundamental.

¿Demandante o amoroso?

Durante gran parte de mi vida adulta, me describí como una persona demandante, encimosa y codependiente. Frases como “pides demasiado apapacho”, “no podemos estar pegados todo el tiempo” y “si no te mando mensaje un día, no es que no te quiera, no exageres” eran comunes. Por supuesto, comencé a pensar que yo tenía un gran arsenal de actitudes tóxicas que necesitaba cambiar.

Y entonces conocí a alguien que ama ir de la mano conmigo a todos lados. Alguien con quien siempre estamos abrazados cuando estamos en casa. Alguien que me dice que me ama cada que puede, me dice lo mucho que le gusto y me demuestra su cariño de muchas maneras diferentes. Lo mejor de todo, es alguien que disfruta todo eso y lo recibe como amor y atención, no como algo fastidioso.

De pronto mi ser “demandante y codependiente” se volvió ser “amoroso y atento”. No cambió nada de cómo me manejo, simplemente encontré a una persona que es compatible con mi forma de expresar y recibir amor.

Y entonces entendí que esa persona que me decía esporádicamente que me quería, que no quería estar en contacto físico todo el tiempo y que no necesitaba que nos habláramos todo el tiempo, no era tóxica. Seguramente tenía mil maneras de demostrarme su amor y cariño, sólo que yo no lo recibía así.

Relaciones tóxicas

Tú tienes derecho a estar con alguien que cubra tus necesidades y te haga sentir amado y acompañado. El punto está en que la persona que estás no tiene que adaptarse a eso, más bien es encontrar a alguien para quien ser así sea natural. Hay que hacer del amor algo menos azaroso y más intencional.

Si te gusta alguien y te enamoras, puedes disfrutar de la intoxicación que da esos sentimientos. Si esa persona y tú no hablan el mismo lenguaje, probablemente se vuelva “tóxica”, pero no es porque tú o esa persona sean malvados o busquen hacerse daño; sólo no son compatibles.

Yo no crecí poliamoroso – De Poli-Dioses y otros seres.

“Gnothi Seauton” – “Conócete a ti mismo”

Antes de empezar debo confesar que no voy a hablar de dioses míticos ni de leyendas inspiradoras de poliamorosos perfectos. ¡Qué padre sería que existieran esas historias para decirnos cómo rayos hacerle en este mar de novedad!

Actualmente estoy en una relación con dos personas a quienes yo llamo “Poli-Dioses” porque están, desde mi punto de vista, increíblemente adaptados a esta filosofía poliamorosa de forma natural. Con ambos he aprendido que hay personas que no sólo no experimentan celos, sino que parecen estar pre-programados para sentir compersión. Ambos tienen una gran capacidad de sentir y compartir amor, sin el ruido que causa la necesidad de poseer o controlar al otro. Por otro lado, yo soy un simple Poli-Mortal que está en la interminable búsqueda por la deconstrucción para olvidarme de esos modelos que no me son funcionales y adquirir nuevas ideologías un poco más sanas para mí.


¡Poli-Glosario!

Compersión: Originalmente un concepto creado por la comunidad Kerista (hablaré de ellos después pero vale la pena una búsqueda en Google). La compersión es un híbrido de “compasión” y “conversión”, se define como sentimientos positivos acerca de la felicidad que tu pareja experimenta con sus otras parejas. Esencialmente, es lo opuesto a los celos.

Para más información, checa The Smart Girl’s Guide to Polyamory de Dedeker Winston.


Amor = Conflicto

Podría pasar horas escribiendo acerca de las ideas que nos enseñan acerca de cómo el amor siempre viene cargado de dificultades y problemas. No sólo no tenemos modelos positivos de relaciones poliamorosas en los medios y en la sociedad, ¡creo que tampoco hay muchos modelos monógamos!

Yo crecí creyendo que había un objetivo claro y único en las relaciones románticas: Estar juntos para siempre. A pesar de infidelidades, a pesar de conflictos, a pesar de incompatibilidades. Si era el elegido, todo eso era poco importante.

No me enseñaste…

A mí nadie me enseñó a amar. Realmente aprendí viendo mi entorno y la sociedad. Puros mensajes incongruentes. ¿Qué aprendí?

  • Si te enamoras de alguien, no tienes opción. Esa es la persona que “robó” tu corazón y ya fue.
  • Cuando amas, esa persona es tuya y de nadie más. Sus acciones, pensamientos, palabras y ausencias están relacionadas conmigo, me afectan y son dirigidas a mí. Siempre. Para bien o para mal.
  • Al momento de aceptar estar en una relación con el amor de tu vida, sucede un cambio mágico y la parte de tu cerebro que se siente atraída a otras personas se pone en modo hibernación, esperando al día que la relación termine para volver a activarse.
  • Si una relación termina, automáticamente todo lo bonito que fue pierde su valor y se convierte en un fracaso. Debes cortar completa comunicación con tu ex y tus amigos deben elegir bandos.
  • Si me cela, le importo. Si no, es que secretamente tiene amantes y no le importa si me voy con alguien porque él tiene otros tantos esperándolo.
  • El sexo es sólo con tu pareja. Es algo sagrado que se devalúa como una moneda; entre más haya, menos valioso es. Entonces hay que asegurarse de encontrar al elegido rápido porque si no, llegas pobre a tu relación destinada.

Aprendiendo en el dolor (o creciendo a trancazos)

Después de cada relación donde buscaba, de alguna forma, que todos los puntos anteriores funcionaran, pasaba por mucho dolor, sufrimiento, desesperación y desesperanza. Sin embargo, los paradigmas sociales llegaron a mi rescate: No te preocupes, con cada corazón roto, has aprendido y crecido más.

Yo sólo pensaba, “a este paso, voy a ser inmortal pronto”.

Una enseñanza más de cómo el amor y el dolor son compañeros íntimos. Para crecer y encontrar a tu verdadero amor, vas a pasar por varios sapos con los que vas a sufrir.

También en el gozo se crece

Hace un par de meses, un terapeuta me hizo la observación de que “a mí me encanta darme en la madre”. Yo sólo pensé, “claro, por eso he crecido tanto”. Afortunadamente, su intervención no terminó ahí. Me ayudó a darme cuenta que en los cinco años y medio que llevo de relación con mi pareja, hemos crecido en gozo. No mediante peleas, sufrimiento y despecho. Ambos nos hemos ido nutriendo en amor, comunicación, compañerismo, comprensión y ética. ¡Me pareció algo que no creería si no lo hubiera vivido yo mismo! Resulta que también es posible crecer en gozo; crecer mediante la felicidad y el amor.

No soy (ni seré) un Poli-Dios

En ese momento me di cuenta de que estaba esperando el momento en que yo hubiera sufrido lo suficiente para transformarme en un dios mítico que ha trascendido estos sentimientos de mortales. Y hoy no sé si eso vaya a suceder algún día, pero tampoco lo necesito.

Hoy me doy cuenta que no soy un Poli-Dios pero soy un Poli-Aprendiz. No estoy del otro lado, tal vez nunca lo esté, pero sí sé que puedo elegir el camino que voy a tomar. Si de cualquier modo el destino lejano es incierto, ¿no es mejor andar por el sendero de gozo y amor?

Amando a varias personas: El amor no es un pastel

No es lo que siento por ti, sino lo que no siento por nadie más.

Jaime Sabines

Durante mi tiempo en la monogamia, las relaciones de pareja eran bastante directas, al menos en el camino que deberían seguir. Conocía a alguien, nos gustábamos, salíamos y comenzábamos a conocernos hasta empezar a querernos. Posteriormente, si la relación seguía bien, sabía que tendríamos sexo, viviríamos juntos, nos casaríamos y viviríamos felices para siempre. En algún punto de ese camino, dejaríamos de decirnos “te quiero” para pasar al mucho más significativo “te amo”. Todo eso era un hecho que ni siquiera pensaba cuestionar ya que era obvio.

¿Y el anillo pa’ cuándo?

En poliamor a eso le llamamos la escalera eléctrica de las relaciones (the relationship escalator). Si te subes al primer escalón, se espera que te sigas moviendo hacia arriba. Si te quedas en cualquiera de los escalones por más tiempo del esperado, te preguntan cuál es el problema que tu relación claramente tiene (la escalera está defectuosa). Un noviazgo que lleva años sin hablar de matrimonio genera curiosidad en la gente (“yo creo que no van en serio”).

Es como si la única forma en que tu relación fuera válida, seria y real fuera que siguiera avanzando en ese camino predeterminado, te guste o no.

Por supuesto, las relaciones poliamorosas no gozan de ese guión prescrito indicando hacia dónde deben ir. Afortunadamente, eso significa que tenemos la oportunidad (y responsabilidad) de decidir cómo queremos que se vea nuestra relación. Cada relación con cada persona nueva es diferente y requiere una construcción conjunta a base de mucha comunicación.

Entonces, ¿cómo sabes a quién amas?

Este ha sido de los puntos que más me ha costado entender. Algo que diferenciaba claramente a mi amor verdadero de mis amigos, conocidos y ligues era el decir te amo. Era un sentimiento único, evidente, que expresaba sólo a mi pareja. Cuando una relación terminaba, no dejaba de amar a esa persona pero asumía que ese te amo ya no le correspondía. Después conocería a alguien más y volvería a amar.

Nunca consideré que realmente ese amor no desaparecía, sólo se iba al fondo.

En mi vida jamás pensé que podría decirle a dos personas que las amo simultáneamente. Debo confesar que más de una vez me detuve a observar el sentimiento y tratar de entenderlo. Se siente diferente, a pesar de que sé que en ambos casos es amor. ¿A quién amo más? ¿A quién amo realmente?

Una rebanada de amor para ti y tres para mi marido.

El amor que siento por mis amigos y mi familia es diferente. No es que ame más a unos que a otros, ni que uno sea real y el otro no. De alguna forma consideramos que el amor romántico es tan único que ése sí escasea.

Uno de mis sabios amigos tiene una excelente analogía para este tema. Él dice que mucha gente ve el amor como si fuera un pastel. Si le doy mi amor a una persona y después decido dárselo a otra, me quedan menos rebanadas que darle. Sin embargo el amor no es pastel. El hecho de que yo ame a un amigo, a mi pareja y a mi familia no quiere decir que tengo que distribuir pedazos de corazón entre ellos y a ver a quién le toca más. Todos tienen su pastel completo.

¿Y ya? ¿Así de fácil?

¡Ojalá! Al menos para mí ha sido un largo camino de deconstrucción y reaprendizaje de muchas cosas que aprendí en mi tiempo en la monogamia. He tenido que tomar mis celos, desarmarlos en muchos pedacitos y enfrentarme a miedos, inseguridades, ansiedad y temas de autoestima que no sabía estaban ahí. He tenido que aprender que mi pareja no es mía, simplemente elige estar conmigo y es libre de irse cuando quiera. He tenido que tomar la palabra “novio” y darle la vuelta, desmenuzarla y finalmente desecharla.

Hoy mi escalera ya no se mueve sola. Si me quedo en un escalón en alguna de mis relaciones sé que es porque ambos acordamos estar ahí. De las lecciones más importantes que he aprendido en esto del poliamor es a ser intencional en mis relaciones. Soy responsable y participante activo en la construcción de mis relaciones románticas.

¿La monogamia duele?

Si crees que no tienes opciones, realmente no estás eligiendo.

Después de ver el título de mi blog, un amigo me preguntó qué tenía en contra de la monogamia. Debo aclarar un punto desde este momento: no creo que las personas poliamorosas / no-monógamas seamos más evolucionadas, sean más conscientes, tengan más capacidad o sean mejores que aquellos que practican la monogamia.

¿Cuáles son los dolores de la monogamia?

En mi búsqueda por el “EL indicado” me encontré con varios problemas. Para empezar, nadie me dijo cómo debían ser las relaciones monógamas que no tenían una mujer involucrada, así que por ahí empecé mal. Lo que aprendí en los medios es que si tu pareja se enoja, debes callarte porque sólo se hace más grande, los celos son indicadores de qué tanto te ama, el sexo es una comodidad y, por lo tanto, debe mantenerse tan escasa como sea posible para aumentar su valor… entre otras tantas lecciones que he tenido que desaprender.

No, la monogamia no duele. El camino preconcebido, el guión a seguir que yo aprendí para una relación monógama, está plagado de actitudes deshonestas, manipuladoras, hirientes y tóxicas (no me encanta esa palabra, por cierto).

¿Entonces?

Al tener un camino prepavimentado a seguir y pensar que es el único camino posible para llegar a la felicidad (el felices para siempre), vivía frustrado forzándome a querer lo que se supone que debía querer. En ningún momento elegí ser monógamo – simplemente asumí que no había de otra.

Cuando comencé a conocer que había otras opciones, pasé por un largo proceso de introspección donde tuve que preguntarme: ¿Y yo qué quiero? Es muy sencillo echarle la culpa a la monogamia cuando te quitas la responsabilidad de saber que es lo que tú eliges. De pronto, cuando ya es algo consciente, no puedes decir “así son las relaciones”, sino que se vuelve un “así son las relaciones que yo estoy eligiendo“.

¿Y las gotitas de poliamor?

Debido a que el poliamor exige cuestionar todos los conceptos que tenemos precargados en nuestro sistema operativo, es posible elegir a través de la comunicación, la compasión y la ética. En mi aventura en el poliamor, he obtenido herramientas de comunicación, comprensión, interacción y libertad que me han ayudado a mejorar la calidad de mis relaciones en general, no sólo románticas.

Todas esas herramientas son útiles para aquellos que eligen seguir practicando la monogamia de manera consciente. Por eso he creado este blog: para personas poliamorosas que busquen un lugar donde encontrar información… pero también para personas monógamas que quieran encontrar herramientas para atender esos dolores causados por los paradigmas que se mueven cuando uno se pregunta ¿y yo qué quiero?

No estás loco y no estás solo – Poliamor y ética

“El poliamor es sólo una excusa para putear a gusto” – Todos, siempre.

Esa es de las frases que más escucho cuando comento que no sólo practico el poliamor sino que mi investigación de maestría está enfocada en el tema.

Spoiler: Nunca conocí “el amor de mi vida”

Como muchas personas de mi generación y mi ubicación geográfica, crecí con la idea del cuento de hadas que terminaba en el final feliz: una boda donde hay un beso romántico al final y salen los créditos. Por supuesto, a nadie le importa qué pasa después porque ya los protagonistas obtuvieron lo que querían. Entonces me dediqué a entregarme completamente cuando me enamoraba – uno nunca sabe si ese sería el indicado. Además, cuando fuera “amor de verdad” yo dejaría de sentir atracción por otras personas y mi pareja sería todo lo que necesitaría en mi vida, ¿no? El problema es que eso no pasaba.

La conclusión más evidente era que ese no era “el indicado” y era necesario seguir buscando. Dejar de lado lo que se había construido y buscar aquella relación que haría redundante la existencia de cualquier otra persona en el mundo. Spoiler: nunca la encontré.

Gays promiscuos

En el ambiente gay, me encontré con que muchas parejas terminaban abriendo su relación. Fue algo tan común que deduje que todas la relaciones entre hombres homosexuales estaban destinadas a terminar siendo abiertas. La sociedad nos dice que los hombres somos calientes y necesitamos sexo – mucho sexo. Además, “sólo es coger” y ya, o eso escuchaba. Por ahora, dejaré de lado todas las implicaciones morales y éticas que tiene el ser sexualmente activo y libre (o esta publicación sería eterna).

Entonces tenía dos opciones: ser monógamo y negar que sentía atracción por otras personas o ser “promiscuo” y coger con todo mundo.

Poliamorosos y sus parejas desechables

Después escuché la idea del “poliamor” – que para mí era lo mismo que una relación abierta pero donde ya de plano todos hacen lo que quieran sin preocuparse por el compromiso que tenían al principio. No ayudó a mi experiencia el hecho de que sólo conocía parejas “poliamorosas” que utilizaban a la gente y luego los desechaban cuando ya se aburrían de ellos. O la otra variante, personas que preferían ser “poliamorosos” porque no querían “atarse” a una persona.

Por supuesto, alguien tan celoso, posesivo y controlador como yo jamás podría llegar a un punto donde mi pareja (énfasis en MI) fuera a involucrarse con alguien más allá de algo banal y carnal. Y yo jamás podría enamorarme de alguien más mientras estaba con MI pareja, el indicado, el “verdadero amor”.

Hasta que sucedió.

Entrando al bosque

Mi pareja y yo conocimos a alguien guapo, interesante, entregado y poliamoroso. Comenzamos a frecuentarnos y, sin saber en qué momento sucedió, empezamos a dormir con él al menos una vez cada quince días. De pronto había flores, mensajes diarios, llamadas, salidas, fotos juntos en redes sociales y, por supuesto, mucho cariño. Cuando nos dimos cuenta ya había pasado casi un año.

Yo me rehusaba a pensar que podríamos tener una “relación” los tres – eso no era algo que estuviera dentro de mis capacidades y paradigmas. Desafortunadamente, el negarlo no era suficiente para cambiar la realidad. Lo único que sucedió fue que la relación se desgastó para los tres y tuvo que transicionar a algo diferente (ah, en poliamor no hablamos de “tronar”, pero ese también es tema para otro día).

¿Y luego?

Hoy, después de mucho tiempo de investigación, estudio y pláticas con otras personas, puedo identificar qué es lo que realmente quería, quiero y, probablemente, querré para mis relaciones actuales y futuras. Ahora puedo enfocarme en la ética del poliamor, la comunicación asertiva, el crecimiento y, sobre todo, el amor.

En este blog planeo compartir contigo esta jornada. Estaré compartiendo mi experiencia personal mezclándola con toda la parte académica que me ha ayudado a navegar tanta novedad. ¿Tú cómo empezaste?