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Imagina que tú y la otra persona con quien te quieres relacionar van a un buffet donde pueden elegir todo lo que quieran. La única condición es que van a compartir un plato. De las opciones que hay, cada quien elegirá cosas que le gusten y decidirá si es algo esencial, negociable o algo que definitivamente no quieren en el plato.
De las cinco características del consentimiento, la que menos pensé que generaría dudas y controversia fue entusiasta. Cuando veía que me pedían que explicara a qué me refería con eso, me quedaba un poco confundido y sin saber cómo abordarlo porque pensaba, “entusiasta es… ¡pues entusiasta!”, aunque me sentí Sofía Niño de Rivera hablando de los winnies.
Empezando mi vida en relaciones románticas, estaba muy emocionado y lleno de anticipación pensando todo lo que podría pasar. ¿Sería que el destino me llevaría a conocer a mi príncipe azul inmediatamente? O tal vez tendría que pasar por algunas pruebas primero, hasta que los dioses del Olimpo decidieran que finalmente merecería mi final feliz.
La famosa y legendaria responsabilidad afectiva. La equiparo un poco al santo grial que se dice te puede llenar de gozo y felicidad, pero que frecuentemente es el centro de guerras y batallas donde mucha gente sale herida. Mucha. Sucede que es un término que se lanza de un lado a otro, a veces como un requisito para ser «buen poliamoroso», a veces como un arma para castigar y juzgar a otros y, de pronto, como una herramienta para poder amar más éticamente.
No hay un hack del internet que te quite los celos y te vuelva un ser divino sin sentimientos (ah, porque recuerda que los celos son eso). Lo que sí hay son técnicas y estrategias que puedes probar para mejorar tu relación con ellos.
Hay amistades que son tan cercanas, que nos llevan a preguntarnos “nos llevamos tan bien, ¿por qué no somos pareja?”. Puede ser que pasemos mucho tiempo juntos, tengamos muestras de cariño constantes, nos cuidemos, confiemos el uno en el otro y hasta haya interacción sexual, pero no estamos “enamorados”.
Popularmente, se confunde la codependencia con buscar que alguien satisfaga tus necesidades de conexión, atención, sexo y apapacho. ¡Como si esto fuera algo sin lo que se pudiera vivir! Aún así, vemos como “intensas” a las personas que buscan esta conexión y se alaba a aquellas que son independientes y no “necesitan a nadie”. Si tengo a dos personas, una de ellas se siente triste cuando la persona que ama se va por un tiempo y la otra ni cuenta se da, ¿quién tiene el apego más sano?
Uno de los mitos del amor romántico es que tenemos que estar con nuestra pareja “hasta que la muerte nos separe”. El problema aquí es que la única forma en que tu relación monógama sea exitosa es que alguno de los involucrados se muera. Cualquier otra alternativa asume un fracaso inmediato: separarse, divorciarse, abrir la relación o tomarse un tiempo. No importa qué tan hermosa, nutritiva, amorosa y maravillosa haya sido a relación, si se separan y siguen vivos, los comentarios son “qué lástima que no haya funcionado”.
Ver a un vínculo completamente abrumado por esta ENR fácilmente ha desatado en mí olas y olas de inseguridades, miedos y respuestas poco funcionales. Pienso cosas como: “¿Por qué con él sí quiere hacer esas cosas que yo le he pedido y conmigo nunca quiso?”, “¿cómo es que con él quiere tener sexo a todas horas y conmigo no ha interactuado así en semanas?” y “ay, sí, qué bonito que sonría de oreja a oreja cada que le llega un mensajito de esa persona (sarcásticamente)”. ¿Qué hacer para evitar que esto joda mi relación?
“No tomes decisiones cruciales cuando estás intoxicado”, pareciera un consejo innecesario. ¿Quién podría dudar que no es la mejor idea sacar un préstamo cuando estás bajo los efectos de alguna droga alucinógena?
Tal vez tu compartas mi miedo a volar o tal vez te identifiques con la sensación, pero no con la experiencia. Esas mismas sensaciones me pasaban al principio cuando empecé a abrir mi relación hacia algo más poliamoroso. Simplemente imaginar que mi pareja estaría compartiendo un momento romántico donde otra persona se volviera el centro de su atención me desataba cosas similares. La primera vez que salió con alguien, experimenté algo terriblemente similar al momento de estar sentado en el avión.
Con fechas como el 14 de febrero, independientemente de si sea algo capitalista y demás, hay personas que me preguntan “¿Cómo le haces si tienes más de una pareja?”. Y debo confesar que cuando empecé a considerar tener varios vínculos no necesariamente conectados, sí fue un tema que me hizo ruido. ¿Con quién voy a pasar Navidades, cumpleaños y demás? ¿Cómo le hago para que uno no se sienta menos importante que el otro?
Puede ser que en tu cabeza surja la duda de cómo esta persona que te ama puede estar haciendo lo que sea que esté haciendo. Tal vez haya incredulidad y, más que enojo, te pasmes y te congeles porque no entiendes lo que está pasando. O quizá es un simple “no, no, no, no” que resuena en tu cabeza.
La sociedad en la que estamos nos enseña cómo amar y quiénes son dignos de recibir ese amor. Desafortunadamente, no todos cabemos en ese molde y, muchas veces, terminamos creyendo que hay algo malo con nosotros y, por lo tanto, somos «difíciles de amar».
Cuando entramos a esto de la no monogamia ética, algo que escuchamos constantemente es que “debemos abandonar el amor romántico”. Después de ser gran fan de películas como Love Actually y cualquier película de princesas de Disney de las primeras dos eras, esta obligación a “deconstruirme” me llevó a abandonarlas, junto con una gran cantidad de canciones y detalles que disfruté mucho en algún momento. Pensaba, ¡hoy voy a cambiar y dejaré de ser tóxico!
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