Lo que pasa
Te fallaron una vez. Y ahora cada mensaje sin contestar se siente como una prueba.
Revisas la hora de conexión. Relees el mensaje buscando lo que no dice. Te repites que ya lo hablaron, que ya pasó, que ya deberías estar bien.
Y aun así, tu cuerpo no se la cree.
O tal vez nadie te ha hecho nada malo y aun así te cuesta confiar. Te da miedo preguntar porque no quieres parecer desconfiadx, intensx o demandante. Entonces te callas, y el silencio también desgasta.
“¡Ay, Jaime! Si vuelvo a confiar, me van a volver a lastimar.”
Puede ser. Si quieres convivir conmigo, te voy a decepcionar. Y tú a mí. La pregunta no es cómo evitar que te fallen, sino qué haces cuando pasa: con quién se puede reparar, con quién no, y cómo te cuidas sin tener que dar explicaciones.
Yo lo aprendí a la mala. Hace años, una pareja me propuso abrir la relación y yo amenacé con terminar en ese mismo instante. Tiempo después entendí que, sin darme cuenta, había hecho que decirme la verdad fuera peligroso.
La confianza no sólo se rompe cuando alguien miente. También cuando hacemos que la honestidad cueste demasiado.
Puedes darle tu confianza a alguien que te decepcionó. Y puedes retirarla de alguien que nunca te traicionó. Las dos son decisiones tuyas.