Auto cuidadoGlosario de relaciones éticasRelaciones éticasConsentimiento entusiasta: ¿Lo quieres o lo aguantas?

22 de agosto de 2021by Psic. Jaime Gama0
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De las cinco características del consentimiento, la que menos pensé que generaría dudas y controversia fue entusiasta. Cuando veía que me pedían que explicara a qué me refería con eso, me quedaba un poco confundido y sin saber cómo abordarlo porque pensaba, “entusiasta es… ¡pues entusiasta!”, aunque me sentí Sofía Niño de Rivera hablando de los winnies.

Luego me di cuenta de que yo estoy acostumbrado a decir “sí” cuando realmente quiero decir “pues me incomoda, pero me aguanto”. Entre más me detengo a revisar el simple concepto, me topo con menos y menos ocasiones en las que realmente ha habido un rotundo “¡súper sí quiero!”.

En más de una ocasión, me he sentido Soraya Montenegro diciendo “¡Lo quiero a él! ¡Hacerlo míoooo, aunque luego me aburra, me estorbeeeeee y llegue a odiarlo!”. Estuve en relaciones súper incompatibles productos de un “pues, no somos compatibles, pero es lo que puedo/debo tener”. Sin saberlo, no estaba dando mi consentimiento ético, sino accediendo a un contrato coercitivo impuesto por mis propias creencias.

Revisemos tu consentimiento

Primero, hagamos un ejercicio. Responde para ti mismo la siguiente pregunta:

¿Qué quieres comer hoy?

Mi primera respuesta en este momento es: una hamburguesa.

Ya que tengas la respuesta, detente unos veinte segundos a revisarla.

¿Esa respuesta genera algo en ti? ¿Te emociona? ¿Es algo que se siente energetizante y te llena de anticipación?

Si la respuesta es cualquier cosa diferente a un rotundo y claro “¡SÍ!”, descarta esa opción y pregúntate de nuevo: ¿Qué quieres comer hoy? No es ¿qué puedo comer hoy?, ¿para qué me alcanza?, ni ¿qué debo comer hoy?, es qué quieres comer hoy.

Al hacerlo yo, me doy cuenta de que elijo una hamburguesa porque es algo que generalmente me gusta, está disponible cerca de aquí, es relativamente económico y bastante rápido. No es algo que quiero comer, sino algo conveniente que no me molesta demasiado.

Si te pasó como a mí, tómate un tiempo para que surja la respuesta, sin forzarla, ni apresurarla. Explora y busca esa opción que te provoque algo maravilloso. En mi caso, lo siento como una sonrisa en mi cara, un burbujeo en el estómago, respiro más hondo y se me abren más los ojos.

Ahora que le pongo atención, me doy cuenta de que lo que me emociona comer es una pasta con salsa de chile morita. Lo imagino y siento como si despertara. Me llena de energía y anticipación. Sólo que inmediatamente surgen pensamientos intrusivos de “aquí no hay”, “no tienes tiempo hoy de buscarla” y “ni para qué le haces, no habrá”.

¿Es lo que quieres o lo que aguantas?

Leyendo “El arte de dar y recibir” de Betty Martin, me explotó la cabeza darme cuenta de que no sólo elegía lo que quería comer basándome en lo que menos pinche se sentía, sino que también así elegía prácticamente todo lo que hacía en mi vida. Desde gente que quería conocer, mis relaciones, cómo recibía amor, cómo daba amor y cómo me vestía. En todos estos rubros, mi deseo pasaba por muchos filtros y quedaba diluído.

Esto no quiere decir que no disfrutara o que odiara lo que tenía, ya que, a fin de cuentas, sí venía de mi deseo. La cosa es que muy rara vez había experimentado esa sensación de “¡súper sí lo quiero!” y ni siquiera me había dado cuenta.

Es más, estoy tan acostumbrado a filtrar lo que quiero a través de lo que se puede, lo que no molesta a otros y lo que debería ser, que me es absurdamente difícil encontrar esa sensación de “¡súper sí!” y no quedarme en el “pues va”.

Y quedarme en ese lugar gris, o peor aún, en un lugar desagradable, me llevó a tener herramientas bastante pinches como responsabilizar a la otra persona de lo que yo no podía pedirle haciendo comentarios pasivo-agresivos como “ah, no pues si yo siempre hago lo que tú quieres”. Estar frustrado se volvió segunda naturaleza para mí y aprendí a estar ahí, recogiendo migajas de lo poco que me permitía desear.

Por supuesto, el mundo del amor romántico no hacía más que echarle leña al fuego. Cuando empecé a salir con gente, algunas (varias) de mis relaciones se veían así:

“¡Me gusta muchísimo! Bueno, no somos compatibles en cómo nos gusta pasar el tiempo, no le gustan cosas que me apasionan, no le encantan los apapachos y yo amo ser encimoso, no es muy efusivo y a mí me encanta que me digan cosas amorosas… pero bueno, al menos me quiere y lo quiero.”

Al menos. Aquí es donde la parte entusiasta del consentimiento ha sido un parteaguas para mí. Esta palabra, literalmente en griego es soplo interior de Dios y no se me ocurre una mejor manera de entender cómo se siente (seas religioso o no). Betty Martin lo describe haciendo una diferencia entre mi lista de lo que quiero y estoy dispuesto a hacer.

Quiero es mi primera opción, algo que se siente maravilloso. Son cosas que, al detenerme unos segundos para revisarme, reconozco que puedo dar con todo mi corazón. Lo que estoy dispuesto a hacer puede variar desde un “lo hago con gusto, aunque no es lo que quiero” hasta un “estoy muy poco dispuesto a hacerlo, pero es la opción menos pinche”.

¿Está “mal” hacer algo que no quiero, pero estoy dispuesto a hacer? No. Así hacemos uso de nuestra agencia de una manera responsable.

Sólo que, en mi caso, me doy cuenta de lo poco que elijo de mi lista de quiero. De hecho, detecté que cuando quiero algo, lo primero que hago es preguntarle a la otra persona qué quiere, para saber qué opciones hay disponibles.

El consentimiento entusiasta en mis relaciones románticas

Ha sido toda una jornada poder deconstruir esta idea de que debo resignarme a lo que hay y empezar a buscar mi “¡súper sí!” en relaciones románticas. Sobre todo, cuando me doy cuenta de que todos los consejos de ligue se enfocan en cómo volverme interesante y suficiente para la otra persona (sin detenerme para ver si esa persona es suficiente para mí). Hay un artículo de Derek Sivers donde dice “si no digo fuck yes!, digo no».

Cuando leí eso por primera vez, me llevó a preocuparme por quedarme solo esperando a que llegue esa persona perfecta que cumpla con todos los requisitos que tengo en mi cabeza. Por supuesto, esto viene de una interpretación superficial y muy poco realista.

¿Por qué creo que la única forma de que sea un “¡súper sí!” para mí es que sea perfecto?

Derek Sivers también dice que para involucrarse con alguien en cualquier capacidad, espera que sea un ¡súper sí!, pero esto implica que yo sea un ¡súper sí! para la otra persona también. ¿Suena utópico? Tal vez lo estás llevando a un lugar demasiado ambicioso.

El ¡súper sí! entusiasta no tiene que ser a tener una historia de amor eterna con la otra persona. Puede ser un ¡súper sí! a salir al cine con esa persona, a darle una oportunidad o dos, a buscar una forma de resolver algún conflicto. El ¡súper sí! no viene de saber qué es lo mejor para siempre, sino de detectar cómo es esa experiencia para ti y saber si viene de un lugar de “quiero» y no de «pues tengo que hacerlo».

Algunos ejemplos prácticos.

  • Cuando tienes un problema con tu vínculo romántico y se enojan, puede que no haya un ¡súper sí! a verle inmediatamente y abrazarle. Ahí yo me pregunto, ¿hay un ¡súper sí! a lo que suceda después de resolver el conflicto?
  • Teniendo sexo con alguien que te gusta, puede que haya un ¡súper sí! a su cuerpo que te parece atractivo y excitante, pero ¿hay un ¡súper sí! a la interacción y cómo esa persona te elige y te desea a ti?
¿Y si no puedo decir ¡súper sí! a nada?

Para empezar, recuerda tratarte con compasión y reconocer que estás haciendo lo mejor que puedes con lo que tienes. Muchos de nosotros fuimos programados a no querer cosas porque eso es egoísta, está mal o simplemente ni siquiera era una opción. Aquí te dejo algunos tips para empezar un camino desde el “pues es lo que hay” hacia un ¡súper sí!

  • Si todos te parecen meh puede ser que estés buscando en el target equivocado. ¿Ese tipo de persona que buscas es quien te emociona o quien se vería bien en una foto en Facebook para que se emocionen tus amigos? Pueden ser ambas, pero si sólo puedes tener una de esas dos, tal vez sea más satisfactorio que te emocione a ti.
  • Tal vez no puedes vulnerarte y te proteges siendo indiferente y evitando mostrar entusiasmo hacia los demás. Aquí he identificado frases como “no quiero ser intenso”, “si muestro interés, se va a asustar” y “yo no le voy a rogar a nadie”. Mi contra argumento es que prefiero asustar a la gente con mi interés, así no pierdo el tiempo con incompatibilidades y encontraré a alguien para quien mi forma de ser sea exactamente lo que busca. Un ¡súper sí!
  • Recuerda que es tu trabajo buscar algo interesante en las personas que conoces. No es su trabajo mostrártelo.
  • Responsabilízate de tu habilidad de conectar con las personas que conoces.

 

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