PoliamorRelaciones éticasEnamoramiento: La pinche ENR

12 de abril de 2021by Psic. Jaime Gama0
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“No tomes decisiones cruciales cuando estás intoxicado”, pareciera un consejo innecesario. ¿Quién podría dudar que no es la mejor idea sacar un préstamo cuando estás bajo los efectos de alguna droga alucinógena?

Imagínate el momento: tu ritmo cardiaco está acelerado, tus sentidos están hiperactivados, tu respiración es irregular, tus ideas son confusas y la realidad se mezcla con la fantasía de lo que quisieras que fuera. En ese momento, tomas una pluma y decides comprometerte a invertir tus recursos durante un futuro incierto para recibir beneficios que probablemente no te satisfacen.

Así es como muchas veces entramos en relaciones románticas.

 

No estás “enAMORado”, estás intoxicado.

En la no monogamia ética, más que hablar de enamoramiento, hablamos de una cosa llamada Energía de Nueva Relación (ENR a partir de este momento). Para fines prácticos, es lo mismo que conocimos cuando éramos monógamos: conocemos a alguien, sentimos mariposas en el estómago y experimentamos una sensación abrumadora de atracción, burbujas, excitación y luz, quedando cautivado totalmente por la otra persona.

En la preparatoria pasé un tiempo como misionero en la sierra de Puebla y tal vez te preguntarás “¿qué? ¿tú? ¿cómo?”, con cara de asombro. Como muchas historias que suceden en telenovelas y chick flicks, lo hice por un hombre – un hombre alto, guapo, carismático, amable, claramente heterosexual, religioso y fundamentalmente incompatible conmigo. Mientras pasaba días en un pequeño pueblo tratando de disimular que yo no compartía las creencias de mis compañeros (y sufría la ironía de que me mandaron a un pueblo diferente al chavo que andaba persiguiendo), yo no podía más que recordarme a mí mismo que “es normal, el amor es difícil y en algún momento se dará cuenta de que me ama”. A fin de cuentas, todas esas emociones y sensaciones que tenía no podían ser otra cosa más que el destino uniéndonos. No era el destino, era mi cerebro drogado.

Así es, literalmente, tu cerebro está intoxicado en una locura química. Como dice David Moncada: En nuestra cerebra enamorada tenemos descargas de dopamina (que nos mantiene alerta), serotonina (nos pone de buenas) y oxitocina (nos activa el sistema de apego). En otras palabras, andamos todos nervisosos, sonriendo como payasos y parecemos pegoste. Y como buena droga, al estimularnos y darnos placer, queremos, NECESITAMOS más cuando se nos retira.

 

¡Qué diferente hubiera sido mi vida si hubiera entrado en esa obsesión con la información crucial de que eso que sentía se iba a acabar! En esos momentos, yo no veía la salida ni el fin. Me había enamorado y estaba condenado a sufrirlo.

 

Aquí empieza la diferencia entre conceptos. Cuando hablamos de enAMORarnos, ya le pusimos ahí la carga romántica de que es un “flechazo” que nos lleva a ese elusivo tesoro: el verdadero amor (aguas con los mitos estos tan dañinos). Esto fácilmente puede llevarnos a creer que eso que sentimos sucede porque la persona que lo provoca es “la elegida” y que, si alguien más me provoca esto, es porque estoy perdiendo el amor que le tengo a mi pareja.

Cuando lo vemos como una energía de NUEVA relación, es más fácil ponerle su justa dimensión y quitarle esa pesada obligación de que TIENE que terminar en una relación que perdurará por encima de todo lo demás. Lo vemos como algo que va a acabar, producto de la novedad y que nos tiene bajo los efectos de varios químicos que distorsionan nuestra percepción. En ese tiempo de misiones, yo suspiraba al ver al chico del que me enamoré, sentía una avalancha de placer cuando él volteaba a verme o cuando me daba un típico abrazo de macho heterosexual (con dos palmadas fuertes en la espalda) y añoraba el momento en el que nos viéramos nuevamente para sentirme escuchado, visto y valioso. Todo eso lo dejé pasar sin disfrutarlo porque sólo me acongojaba el saber que no iba a llevarme a ningún otro lado.

 

La ENR no está para llevarnos al paraíso, ya es el paraíso. No es una promesa futura, sino un placer presente.

 

Además, como se menciona en este artículo, también se vuelve irresistible vivir que alguien más nos admire y nos vea como algo perfecto. Me lleva a sentirme invencible, como que todo puede desmoronarse pero mi mundo estará bien porque alguien ve todo lo bueno que soy.

 

Te amo porque tú me amas aunque yo no pueda.

Este concepto de que enamorarme (o sentir ENR) es una simulación de amor propio hizo que me explotara la cabeza un poco.

Durante toda mi vida he sufrido de cierta dismorfia. Al ver mi cuerpo, me percibo muchísimo más delgado de lo que estoy, sin importar lo que diga la báscula o el entrenador que mide mi masa muscular. Para compensar, durante mis años en la escuela utilizaba ropa holgada y capas y capas de chalecos o chamarras para esconder lo que yo veía como un cuerpo esquelético (sin saber que tenía el efecto contrario). A los 19 años, conocí a un hombre maravilloso con quien pasaría cuatro años y medio de relación con mucho crecimiento y mucho amor. Él tenía una forma de ver y amar su cuerpo extremadamente admirables. Y esa forma de amar su cuerpo se trasladó a amar el mío. Él fue la primera persona a través de la cual yo podía verme como alguien atractivo, al menos un poco.

¿Cómo no iba a amarlo? Esa parte de él me daba algo que yo no podía darme a mí mismo.

Esto pasa al inicio de los efectos de la ENR. La otra persona te ve perfecto, inigualable, único y maravilloso. Para alguien como yo que no sabía amarse a sí mismo, no había mejor forma de experimentar la sensación de que soy valioso, atractivo y merecedor de amor.

Aquí el problema surge cuando la otra persona ignora por completo aquellas cosas de mí que no son compatibles con lo que quiere o necesita. Al desaparecer la ilusión de los estupefacientes en el cerebro, puede ser abrumador escuchar a esa persona que me veía perfecto darse cuenta de que hay más que sólo cosas agradables.

 

De sentirme invencible, me siento infrahumano. Las voces en mi cabeza que me dicen que no soy valioso se hacen más fuertes al escuchar que ya no soy inalcanzable.

 

Hice todo ese llanto por nada.

Con todo esto, podríamos pensar que la ENR definitivamente es algo inconveniente y peligroso. Al menos, yo lo pienso así.

¡Pero no todo está perdido!

Si le quitamos lo mitológico del enamoramiento y lo dejamos como una energía finita, puede ser algo maravilloso y disfrutable. Como explico en el artículo de “La respuesta no es quitarte el miedo”, la agencia es un excelente antídoto para eso desagradable que acompaña los momentos de abstinencia en la ENR.

Claramente, ese amigo mío con el que fui a misionar a la sierra de Puebla no iba a ser el amor de mi vida. Y tal vez pienses, “¡pues no, pero no puedes elegir de quién enamorarte!”.

Es cierto que no puedes activar tu cerebro a voluntad para liberar los químicos necesarios con la persona que tú elijas, pero sí puedes elegir si vas a seguir por ese camino o no. Como explico en “Amar es una decisión, no un accidente”, puede ser que haya surgido un brote que no esperabas en el terreno fértil de tu corazón. Si te das cuenta de que es algo que quieres, puedes echarle agüita, cuidarlo y hacer un esfuerzo para que siga creciendo. En términos de relaciones, esto se ve saliendo con la persona, compartiendo tiempo, energía y recursos, y buscando momentos de intimidad y vulnerabilidad.

Ahora que si te das cuenta que el brote es algo que te va a hacer daño, puedes también dejarlo morir. No va a ser placentero, pero tampoco va a ser eterno. Otra vez en términos de relaciones, esto se ve dejando de compartir tiempo con la persona, trabajando en tu vínculo contigo mismo, buscando otras relaciones que te den lo que necesitas (románticas o amistosas) y hasta dejándole saber que decides no seguir construyendo ese vínculo.

Elijas lo que elijas, a menos que te identifiques como persona arromántica, vas a caer en algún momento. Para ayudarte en la jornada, en la siguiente entrada te compartiré algunos de los errores más comunes que cometemos al estar en este estado alterado de consciencia y te daré algunos tips para prevenir y proteger tus relaciones actuales, incluyendo la que tienes contigo mismo.

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