Auto cuidadoRelaciones éticasSi no puedes amarte a ti mismx, sigues mereciendo ser amadx.

14 de enero de 2021by Psic. Jaime Gama2
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La sociedad en la que estamos nos enseña cómo amar y quiénes son dignos de recibir ese amor. Desafortunadamente, no todos cabemos en ese molde y, muchas veces, terminamos creyendo que hay algo malo con nosotros y, por lo tanto, somos «difíciles de amar». Aprendemos que hay un estilo específico de relación que funciona y todo lo demás es tóxico o enfermizo; peor aún, pareciera que es algo que deberíamos saber y, si no nos sale naturalmente, el problema somos nosotros. 

¿Cómo sería para ti vivir en un mundo donde recibieras mensajes constantes de validación, reconocimiento, compasión y empatía? 

No se trata de volverme una isla 

Cuando empieza la literatura acerca del poliamor ético, libros como More Than Two de Franklin Veaux y Eve Rickert abogaban mucho por la necesidad de ser responsables afectivamente, partiendo de la idea de que sólo yo puedo hacerme cargo de mis emociones. Sin embargo, esto se interpretó al extremo enalteciendo la idea de que “no debes necesitar de nadie” y abogando por la independencia emocional. Y para personas complacientes como yo, esto se vuelve un decreto de un futuro bastante desagradable.

De pronto me encuentro con que mis necesidades de validación y apapacho son vistas como «codependientes» y «tóxicas» porque yo debería ser suficiente para mí. Siempre. Llegué a espacios de personas que se jactaban de estar deconstruidas y recibía ese mensaje de que «debería dejar de esperar cosas de la gente». Por otro lado, vengo de una historia donde he sido discriminado, rechazado, violentado y juzgado por quien soy.

Entonces me encuentro en un gran dilema: debo ser suficiente para mí y amarme a mí mismo, pero nunca aprendí a hacerlo. Es como decirle a un niño que debe comunicarse, pero no le enseñas a hablar.

Si no puedes amarte a ti mismo, ¿cómo te puede amar alguien más?

Esta frase tan popular me parece extremadamente peligrosa. Como dice este artículo de Poly.Land, nos lleva a asumir que sólo las personas con un autoestima alta son capaces (y merecedores) de ser amados.

Hace quince años empecé una relación monógama con un hombre que derrochaba seguridad en sí mismo. En ese tiempo, yo odiaba mi cuerpo porque me parecía excesivamente delgado (he trabajado mi dismorfia corporal desde que era muy joven), mientras que él tenía muy trabajado el concepto y se sentía contento y orgulloso de cómo se veía. Estar con él me ayudó a dejar de ver mi cuerpo con tanto rechazo, aunque tomó bastante tiempo. La clave está en que yo quería aprender a quererme, el problema es que no sabía cómo.

Es completamente cierto que no es posible amar a alguien que no quiere ser amado, pero no hay que confundir eso con alguien que no sabe cómo ser amado.

Pero, ¿eso no te hace ser apegado?

Sí, y no está mal. Precisamente esta tendencia que tenemos a huirle a la conexión viene de la idea errónea que la codependencia y el apego son lo mismo. Como seres humanos, necesitamos sentirnos parte de algo, independientemente del contacto físico (que sí es esencial) es vital saber que no estamos solos.

Una persona con apego seguro es aquella que puede conectar con otra y alejarse sabiendo que la conexión se mantiene. Esto NO QUIERE DECIR QUE LA PERSONA ES INMUNE A SENSACIONES Y EMOCIONES DESAGRADABLES. Al contrario, las personas en relaciones con apego seguro siguen extrañando, sintiéndose solos a veces y hasta tienen miedo a perder a la persona. Es natural, ¡es alguien a quien amas! Lo que caracteriza que sea seguro es cómo lidian con esas emociones. (Y tengo el artículo y el live de apego pendientes, pero mientras te súper recomiendo el libro Polysecure de Jessica Fern). Por otro lado, ser codependiente implica que no eres capaz de llevar a cabo tu vida diaria sin la conexión con otra persona.

Por ejemplo, cuando uno de mis vínculos me avisa que va a salir a una cita con alguien, yo siento inseguridad, miedo y necesito atención. Lo hablo con ellos y, generalmente, es posible que me den lo que requiero. Si no me lo dan, mi vida sigue y puedo atenderme yo solito. Eso es un apego seguro. Codependencia sería que no pueda existir sin que ellos me atiendan.

Y ¿cómo construyo ese apego seguro?

La clave en mi experiencia para poder llegar a donde estoy, fue evaluar los mensajes que recibía constantemente y cambiar mi mundo. Varios de los entornos donde me desenvolvía eran muy agresivos porque simplemente así estaba normalizado; grupos de amigos que se insultan «jugando», relaciones familiares donde hay «mentiras piadosas», trabajos en los que me sentía poco apreciado y valorado. En todos estos ambientes, el mensaje constante que recibía sólo confirmaba mi propio abuso hacia mí mismo.

¡Como si no fuera bastante con que yo me dijera diariamente que soy insuficiente e inadecuado!

Lo que necesité fue empezar a elegir más intencionalmente a las personas de quienes me rodeaba. Por supuesto, lo difícil de esto fue cambiar el chip que me decía que el amor es escaso y no estoy para andar rechazando a la poquita gente que me ama (ve cómo aquí) y ver el amor como algo abundante que está ahí.

Y no es pasar de cero a cien. Es tener objetivos alcanzables y plausibles para lo que puedo hacer con las herramientas que tengo.

Creé un grupo para hombres poliamorosos y me di a la tarea de generar un espacio seguro donde pudiéramos practicar las herramientas de comunicación que fui aprendiendo. Es maravilloso poder acercarme a alguien que habla el mismo idioma que yo y, por lo tanto, puede darme lo que necesito como lo necesito. Cuando expresamos lo que nos sucede y necesitamos retroalimentación, usamos la trifuerza de la comunicación para asegurarnos de no dar consejos que no fueron solicitados y poder contestar con empatía, acompañando en lugar de resolver.

Hubo un día que hicimos un grupo de discusión acerca de vergüenza (abordándolo desde esta perspectiva). En otros ámbitos, cuando expresaba mi inconformidad con mi cuerpo, recibía rechazo en forma de cumplidos como «¡Ay, ni al caso, te ves súper bien! Más bien deberías estar agradecido». Entonces, además de mi malestar por mis propias inseguridades, ahora me sentía tonto por sentirlas. Al pedir T2 en el grupo (empatía), me respondieron con mensajes como «entiendo que te sientas incómodo y que esto te lleve a sentirte rechazado» o «es válido que te sientas así, ¿cómo puedo acompañarte?».

Esas mismas herramientas son cosas que mis vínculos y yo hemos trabajado para que nuestra relación sea un lugar seguro donde podamos expresar incomodidades, miedos, inseguridades, aprecio, validación, amor y demás necesidades que tenemos.

El conflicto no desapareció, pero ya es mucho menos amenazante.

Amarte implica ser responsable

Otra pregunta que surge comúnmente es “¿Cómo te rodeas de gente que te ame sin buscar quién te esté solapando lo que haces?”. 

Hace unos meses, tuve un conflicto con uno de mis vínculos en el que me enojé muchísimo y reaccioné con una frase bastante agresiva. No lo insulté, ni utilicé palabras violentas, pero mi comentario invalidaba su trabajo y su esfuerzo. Mi vínculo se molestó pero no me dijo mucho más. Yo lo platiqué con un amigo que sé que me quiere mucho, esperando ser apapachado y validado en mis acciones, finalmente lo que yo había hecho fue en respuesta a una situación hiriente para mí. 

Mi amigo validó cómo me sentía diciéndome que entendía mi tristeza y mi dolor, y me preguntó cómo podía acomopañarme con eso. Después de platicar esa parte, me dijo “y porque te quiero mucho, te voy a decir que fuiste un culero con tu comentario”. Sentí como si hubiera pegado con un muro de piedra y me sentí muy avergonzado. Mi amigo me ayudó a que esa vergüenza más bien se volviera una acción reparadora para mi relación con mi vínculo. 

Amar a una persona y ser compasivo no es justificar lo que hace. Como explico en este artículo, puedo asumir buena intención de la otra persona y, aún así, validar el daño que me haga su actitud. En este caso, siendo compasivo conmigo mismo puedo validar mi dolor y que mi mejor herramienta en ese momento fue actuar impulsivamente; lo importante es qué puedo hacer ahora con esa información.

Ni RuPaul, Ni Lizzo. El amor no se condiciona.

Hace poco vi una publicación que ponía la frase de Lizzo “si puedes amarme, puedes amarte” por encima de la de RuPaul “si no puedes amarte, ¿cómo vas a amar a alguien más?” Para mí, ambas frases tienen el problema de que están poniendo una condición al amar o ser amado.

El amor es una decisión y no puedes responsabilizar a la otra persona de tus propias decisiones. 

Más bien, yo cambiaría ambas frases a una decisión consciente: “si puedes amarme, puedes amarte” y “si (aunque) no puedes amarte, ¿cómo vas a amar a alguien más?” De este modo, se vuelven frases que comienzan un camino abriendo la discusión a “cómo le voy a hacer”, más que quedarme atorado en el «no puedo»

Ese es mi punto en este artículo. Si descubres que no te amas, que no te sientes amado o que no eres digno de ser amado, es válido que te sientas así. No necesitas saber cómo resolverlo, no tienes que hacerlo solo. Puedes comenzar con la decisión de querer buscar una forma y empezar a construir un lugar seguro rodeándote de personas que te amen y puedan ayudarte a mejorar tu vínculo contigo mismo. 

2 comments

  • Claudia Ivette Arteaga Padilla

    21 de agosto de 2021 at 7:37 PM

    Soy poliamorosa y voy conociendo tu contenido, me encanta y quiero seguir aprendiendo.

    Reply

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